Si la respuesta es positiva, cuiden a sus amigos. Diversos estudios en psicología y salud pública muestran que las personas que mantienen vínculos de amistad fuertes y sostenidos tienden a vivir más y mejor. La investigadora Julianne Holt-Lunstad, por ejemplo, ha demostrado que el impacto de las relaciones sociales en la longevidad es comparable al de factores como el ejercicio o dejar de fumar. Así pues, las buenas amistades reducen el estrés, amortiguan el impacto de las crisis, mejoran la salud mental y, a largo plazo, se asocian con una mayor esperanza de vida.
A diferencia de otros vínculos, la amistad suele ser una elección libre, que no viene dada por obligación, sangre o contrato. Se sostiene por afinidad, tiempo compartido, escucha, risas y complicidad. Requiere presencia, pero no posesión; cercanía, pero no control. Tal vez por eso es una de las formas de vínculo más honestas que tenemos.
La rutina del día a día hace que con frecuencia haya algo más urgente que una llamada, una visita, un mensaje o un café con esos amigos especiales. Sin darnos cuenta, relegamos a quienes nos sostienen emocionalmente a los márgenes de nuestra vida.
Y, sin embargo, cuando llegan los momentos difíciles, como una pérdida, una enfermedad, una crisis personal, rara vez es el éxito profesional el que nos acompaña. Son los amigos los que están ahí, los que saben escuchar, los que se quedan cuando no hay soluciones, los que nos recuerdan que una pena compartida es media pena y una alegría se duplica.
Celebremos la amistad, cuidemos esos vínculos que sostienen la vida. Priorizar a los amigos no es un gesto sentimental, es una forma profunda de cuidado. Y, quién sabe, quizá también una de las decisiones más sabias para vivir más… y mejor. (O)
@ceciliaugalde






