¿Del Monroísmo al poder blando latino?

En la diplomacia, una doctrina es una hoja de ruta que define la interacción de un actor con su entorno y su soberanía. Históricamente, la relación hemisférica se ha estructurado sobre el contraste de estos principios: la Doctrina Monroe (EE.UU.,1823) como eje de la preeminencia regional estadounidense frente a las respuestas de autonomía latinoamericanas; la Estrada (México, 1930) estableció el principio de no intervención y reconocimiento de los Estados; y la Roldós (Ecuador, 1980) propuso la protección de los derechos humanos como un estándar supranacional. 

Este marco permite analizar el reciente evento del Super Tazón como un laboratorio sociopolítico y una manifestación de poder blando que se correlaciona con estas doctrinas: el uso exclusivo del español ejecuta la Doctrina Estrada, donde la identidad se manifiesta sin requerir adaptación al entorno, es decir, sin traducción; la integración de la simbología de las naciones de la región plantea una réplica visual a la exclusividad de la Doctrina Monroe, sugiriendo una visión de América como un espacio multipolar y compartido; y la visibilización de nuestras realidades sociales complejas se correlaciona con la Doctrina Roldós, situando la condición humana en el centro de la narrativa pública. 

Esta dinámica coincide con el Acta del «Buen Vecino»; mientras la iniciativa demócrata legislativa estadounidense propone una reforma para modificar la política exterior tradicional, el evento cultural opera en el plano de la percepción pública. Ambos procesos, de naturalezas distintas, sugieren una tendencia hacia la búsqueda de simetría y reconocimiento mutuo en las relaciones interamericanas contemporáneas. (O)

Martín López

Martín López

Doctor en Jurisprudencia y Técnico en Administración de Empresas. Actualmente diplomático de carrera del Servicio Exterior.