Querido lector, hoy quiero ceder la palabra a un grande…
De los consejos que Don Quijote le dio a Sancho Panza antes de que fuera a gobernar la isla: “Has de poner los ojos en ti mismo, procurando conocerte, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse (…) Haz gala, Sancho, de la humildad de tu linaje y no te desprecies de decir que vienes de labradores (…) Mira, Sancho, si tomas por medio a la virtud, no hay para qué tener envidia a príncipes y señores (…) Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia (…) Anda despacio, habla con reposo, pero no de manera que parezca que parezca que te escuchas a ti mismo, que toda afectación es mala.
Principios nobles deben acompañar la gravedad del cargo que ejercitan con una blanda suavidad que, guiada por la prudencia, los libre de la murmuración maliciosa, de quien no hay estado que se escape. Cuando pudiere y debiere tener lugar la equidad, no cargues todo el rigor de la ley al delincuente; no es mejor la fama del juez riguroso que la del compasivo. Si acaso doblares la vara de la justicia, no sea con el peso de la dádiva, sino con el de la misericordia. Cuando te sucediere juzgar algún pleito de tu enemigo, aparta la mente de tu injuria y ponla en la verdad del caso.
No te ciegue la pasión propia en la causa ajena, que los yerros que en ella hicieres las más veces serán sin remedio, y si le tuvieren, será a costa de tu crédito, y aun de tu hacienda (…) Al que has de castigar con obras no trates mal con palabras, pues le basta al desdichado la pena del suplicio, sin la añadidura de las malas razones (…).
Si estos preceptos y estas reglas sigues, Sancho, serán largos tus días, tu fama será eterna, vivirás en paz y beneplácito de las gentes, y en los últimos pasos de la vida te alcanzará el de la muerte, en vejez suave y madura…” Cervantes. (O)
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