Este título insinúa las introspecciones aplicadas en psicología, para observarse profundamente y conocerse mejor. Pero hay un reconocimiento aún más sublime. Se podría decir que alcanza la divinidad. Es una meditación sobre uno mismo, un examen de conciencia. Una meditación íntima, sin elementos como piedras. Este reconocimiento que involucra ética, moral, la espiritualidad, nos lleva a la conversión. Conversión entendida como una vida nueva, que no ocurre una sola vez, sino que se trata de las múltiples oportunidades para renovarse en el bien hacer, bien pensar, bien amar. Es una tarea para reflexionar y mejorar, pero sobre todo para reparar y avanzar. He obviado la palabra continuar, porque la continuidad involucraría permanecer ahí. No hay cambio, no hay compromiso.
Su importancia es que nos lleva a la penitencia interior. No bastan los ayunos o sacrificios. En la Iglesia Católica, se habla de la aflicción del espíritu y el arrepentimiento del corazón; y la gracia y la fuerza de Dios nos permiten comenzar de nuevo. Recuerde, entre los gestos de reconciliación para la conversión se citan: atención a los pobres, ejercicio y defensa de la justicia y el derecho, la corrección fraterna, la revisión de vida, la lectura de la Sagrada Escritura, la oración… conversión del corazón. Es una evolución, porque una vez identificados los errores o pecados, nuestro interior nos mueve y nos lleva al arrepentimiento y podríamos preguntarnos ¿Quiero sentir nuevamente este sufrimiento? Desde el ámbito venial, los actos de penitencia ayudan a la reconciliación. Un paso mayor es el sacramento de la confesión, pues al enfrentar los pecados se asume la responsabilidad, se limpia el corazón y la relación, se vuelve a estar en comunión.
He decidido tocar este tema hoy por cuanto estamos en épocas de celebraciones del bello sacramento de la Eucaristía a través de la Primera Comunión. Comprendiendo estos detalles de renovación, conversión, de tener un nuevo corazón, vemos aún más brillante la luz en los pequeños que se disponen a vivir en comunión con Dios. Es deber de los padres considerar estos actos descritos para darles el ejemplo y ayudarles a formar la conciencia y elevar el Espíritu en discernimiento y reconocimiento interior sin olvidar la misericordia de Dios, su perdón, su amor. (O)




