Hoy, cuando recordamos el centenario del nacimiento de nuestro destacado maestro, Efraín Jara Idrovo, se precisa volver a sus poemas y en particular a dos de sus textos: “Balada de la hija y las profundas evidencias” (1963), canto escrito por el padre, ante la llegada de su hija, su amor filial y su contemplación, que permiten sintetizarlo en una sola palabra “inefable”: “lo más raudo del viento cuaja en pájaro, / lo más sueño del hombre en canto, en hijo…”, en tanto que “Sollozo por Pedro Jara” (1977), es el poema escrito ante la ausencia del hijo, que expresa el profundo dolor del padre por su muerte súbita: “!hijo mío! / desgarrado despiadadamente por las uñas de la sombra / parecías labrado en pedernal / hechoparaenpiedramadurar”/.
El lenguaje fue el punto de partida del maestro, que le permite condensar su producción poética, con profundo despliegue versal y trascender su marcado matiz existencialista y su gran profusión retórica, impregnada de enorme adjetivación, aprovechamiento metafórico y enorme derroche de color y musicalidad, engastados en sinestesias, aliteraciones, anáforas y onomatopeyas, que aluden al inicio de la vida o a su ruptura, recordándonos el tiempo heideggeriano que en el poeta se traduce en tiempo cósmico, determinado por el paso del día y de la noche, de la lluvia y la sequía, del sol y de la luna, cumpliéndose el ciclo diario o vital. “El ser retorna al ser. Nada se pierde. Lo más leve del fuego esplende en llama.”
Efraín Jara Idrovo conjuntamente con César Dávila Andrade constituyen un aporte sustancial a la lírica cuencana y ecuatoriana del S. XX. El poeta expresa: “Como escritor no soy sino lenguaje que tienta a realizarse a plenitud.” Fue en el archipiélago de Galápagos cuando el poeta, envuelto en la exuberante naturaleza de las islas, deviene en inspiración y en palabra poética.
El poeta siempre estuvo en búsqueda de las evidencias para ratificar su existencia, “ser y estar en el mundo”, en la naturaleza, en el tiempo y en el espacio: en la contemplación de su hija recién nacida o en la sensación de vacío dejada por su hijo que ha partido inesperadamente. ¡Vida y tráfago, nacimiento y muerte, amor y dolor, vida y vacío, marcan existencialmente, la vida del poeta! (O)








