De acuerdo con el libro “Paute: Apuntes para su historia” de Víctor M. Albornoz (1935), la primera referencia histórica que se tiene de Paute data de 1582, “escrita por Fray Melchor de Pereira, beneficiado y cura de Paute, en presencia de los indígenas don Juan Tostado, don Francisco Hazmal y don Luis Pan, cuando indicó que, Paute era un nombre indio otorgado por el mismísimo Inca Huayna Cápac al saludar a una hermosa indígena y ella le contestó: Ti que significa Sol. Se cuenta que Pau solo podían decir los hombres, cuando algo les llenaba de asombro. Ayer cumplió 166 años de cantonización. Recordar a Paute es rememorar ese olor que regalaba la generosa caña de azúcar a su ingreso al proceso de fermentación que, mezclado con el perfume de las flores y las frutas, calaba muy hondo. Aroma que luego se perdía en la brisa del río y el vaivén de sus sauces y álamos de sus amplias orillas, paisaje en el que cientos de tardes los adultos paseaban mientras los niños jugaban a recoger piedritas y a volar cometas. ¡Qué suerte haber nacido en Paute! dicen muchos, sintiéndolo desde el corazón, ¡qué querendones de su tierra! dirán los otros, los que siempre le visitan, por la calidez de su gente, por esa forma tan hospitalaria de acoger a los demás, por ser un cantón vibrante, una tierra en la que sus hijos han sabido sembrar y cosechar, no únicamente en la agricultura, sino en la descendencia de hombres y mujeres valientes que, pese a los derroteros que les puso la vida, se armaron de valor y se prepararon para salir adelante, cada uno desde sus propios espacios. Un pueblo pujante de casi 500 años que ha sabido persistir y surgir como un PAISAJE CULTURAL DEL ECUADOR. Ojalá se gestione esa declaratoria y se cuente con unaDirección de Cultura en el GAD, que asuma ese derrotero. (O)








