Mis mayores dirían que el mundo está “patas arriba”, que lo que pasa no tiene nombre, que alguien debería poner un poco de cordura.
Desde hace algunos años, presenciamos como muchos pretenden humanizar a los animales: los llaman hijos, los trasladan en canguros o coches como si fueran bebés, los incluyen como comensales a las mesas, les dan preferencias frente a personas, condicionan su vida y comodidad y la de otros a la de sus mascotas, de los animales domésticos que tienen en propiedad. Me he preguntado si todo esto no será una forma de maltrato animal, pues con estas prácticas no se permite que los animales sean lo que son.
Quisiera no mezclar las cosas, pero hay otro tema que llama la atención y activa alarmas. En las últimas semanas mucho se habla y se ve en redes sociales a humanos que quieren animalizarse, se los denomina “therian” –término que viene del griego therion: bestia o animal salvaje-. Se dice de ellos que “se identifican en un plano psicológico, lúdico o espiritual con un animal”. Desde el sentido común, no lo entiendo, ni creo que se lo debe normalizar.
El mundo está patas arriba, animales que se pretende humanizar y humanos que se quieren animalizar. (O)









