Patiño convertido en la “mater amabilis” del correísmo, expresó una frase que ha causado repudio en el país: “la sociedad está convulsionado porque Pipo acusó a Noboa de ser el autor intelectual del asesinato de Fernando Villavicencio” aseveración tan infantil como la de Mónica Palacios, cuando en su diminuto raciocinio acusaba al presidente por la pérdida del cargador de su celular.
Un nivel de lo último en la Asamblea Nacional (AN); con las honrosas excepciones del caso, muchos de sus integrantes le convirtieron a este primer poder del Estado en una suerte de circo barato en donde desatan sus instintos más falaces.
No ven lo de Roberto Cuero. En su similitud con “el bacán del barrio” agredió a los miembros de las fuerzas armadas por una gresca iniciada por Cuero junior, el niño mimado con derechos para andar en el vehículo de alta gama sin placas y con los vidrios polarizados, intocable, imposible de ser requisado, porque “no saben quién es mi papá”
Estos episodios de asambleísta malcriados o inútiles siempre han existido, pero nunca como ahora, producto de la facilidad de hacer listas con nombres poco respetables para someter al escrutinio de la sociedad. Cero leyes, levanta manos con sueldos exorbitantes, llenos de asesores que son los amigos cercanos, con poco o nada de aportes al debate.
Hoy es muy común, verlos salir a la plataforma de entrada a la AN para dar sus furibundas ruedas de prensa, siempre buscando el tema del día para incidentar. Por ser soeces, varios asambleístas han sido suspendidos por el CAL, pero no hacen caso, y regresan más orondos, porque ese es su espacio, el pleno lugar para lanzar ofensas.
Extraño los años de los grandes debates, del aporte pleno para fomentar las leyes fundamentales para avanzar en el país. Si no fuera por los proyectos enviados por el ejecutivo, con todos sus problemas, tienen condumio para el debate; de lo contrario, la AN se pasaría de vacaciones plenas, con sueldos altos pagados a los incitadores y bloqueadores de iniciativas.
Insistir en la revisión del Código de la Democracia, resulta repetitivo y cansino porque no hay voluntad de los actores políticos para acoger los pedidos de los ciudadanos, de llegar a cernir categorías y perfiles para mejorar la imagen de la AN.
Esta desgracia, también se mira en las alcaldías y prefecturas. Al no haber segunda vuelta se permite que candidatos que no pasan del 20 %, llegan a manejar las ciudades y provincias convirtiendo la gestión en un eterno centro de conflictos, porque aun siendo legal (por mandato de la ley) no es legítimo cuando alrededor del 80% de los ciudadanos están en contra del ganador con ese pírrico porcentaje. El resultado, una confrontación eterna como la que vemos en las ciudades, sobre todo en las principales del país, convertidas en centro de la bronca diaria, con insultos, discursos grotescos, y hasta un alcalde preso por sus actuaciones individuales, sin estar cuestionado (por lo pronto) con su accionar público. Ahora que se ha iniciado el periodo electoral hay que estar atentos para ver a quienes elegimos. (O)









