Degradación del debate

Las ansias reeleccionistas, la broca digital, las críticas que caen en el insulto y, por lo tanto, se desnaturalizan; los ánimos pendencieros de parte y parte; la información sin contexto, al contrario, sometida al “corre, ve y dile”, degradan el debate político en Cuenca.

Y no solo en Cuenca. Igual ocurre en el resto del país. Buscar la verdad en esa hojarasca es casi imposible.

No es que antes la rivalidad política en la ciudad haya sido olor a rosa.

Cuenca no ha sido, valga la comparación con las debidas disculpas, un “convento de monjas” como para decir que los políticos o lo aspirantes a serlo, o los anquilosados en ella, han sido unos “ángeles”.

Sí, pero, salvo una que otra grosería o hasta achaques pintarrajeados en paredes y puentes, la lucha por el poder, léase alcaldía, prefectura, concejalías, diputaciones, ni de lejos se compara con lo que ocurre ahora.

Hay una devaluación de la palabra, una gesticulación de ciertas autoridades que raya en la insolencia; reacciones cargadas de iracundia, de odio; un sacar a relucir taras administrativas lavando las de quienes las propagan; críticas que, lejos de serlas o siquiera parecerlas, devienen en diatribas, en caricaturas de la decencia, del pensamiento, incluso del ser ciudadano.

Quienes deberían llevar adelante un debate serio, profundo, analítico, critico, ubicando los hechos en contexto, contrastándolos, también son parte de ese zafarrancho, de la frivolidad informativa, amplificada por las redes sociales, en las cuales la transparencia y la verdad son lo que menos interesa.

La ciudadanía, posiblemente la mayor parte, asiste impávida a ese enfrentamiento perruno entre quienes quieren seguir en sus cargos de elección popular, y los que aspiran a suplantarlos o ya no los soportan.

Los bandos que son parte de esa bronca pantanosa están identificados. Entonces, ¿es necesaria una “tercera vía”; una que dignifique a la ciudad?

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO