Los intentos para escoger al fiscal general tienen otra vez tropiezos. Es que el CPCCS es una entidad absurda, torpe, sin estrategia de trabajo; por tanto, irrespetada por la sociedad. No es capaz de crear un procedimiento amigable para instalar una veeduría ciudadana del proceso, por el sinnúmero de tropiezos autogenerados, como queriendo fallar a propósito. Convocaron a los candidatos a que entreguen las carpetas con los requisitos; se presentaron más de 70 postulantes, y en lugar de enviar los documentos a la comisión para iniciar la revisión, se quedaron guardados por cinco días, quién sabe dónde. ¿Por qué?
Los veedores y los ecuatorianos inferimos que fue un tiempo suficiente hasta para hacer arreglos, correcciones, completar requisitos y demás cosillas de última hora. Probable es que este proceso una vez más fracase, o esté lleno de vericuetos, restándole legitimidad al ganador, si así pasara.
El caso de la renovación parcial de dos miembros del Consejo Nacional Electoral (CNE) sigue estancado en la fase de preparación, supuestamente por la falta de docentes universitarios que apoyen con los contenidos en los bancos de preguntas y la parte práctica, para evaluar a 163 candidatos. Imagínense tal revelación. La comisión ciudadana tenía previsto elegir a dos vocales principales y suplentes, pero otra vez el CPCCS, desde 2021 léase bien, no logra superar esta etapa.
Luego de los varios intentos para eliminar el CPCSS, por inepto y lleno de entremeses políticos, seguimos caminando sobre el mismo terreno.
El problema es haberlo convertido desde un inicio en una entidad política, que de ciudadana no tiene nada. Engendrado en el modelo chavista, y la asesoría de los politólogos españoles quienes rondaron Montecristi, este poder del Estado jamás, en cerca de 18 años de vida, ni ha permitido la participación de los ecuatorianos independientes, ni ha generado control social. Todos sabemos que sus actuaciones son inclinadas a algún tipo de particulares intereses, cuyo único objetivo es tener en las manos los órganos de control del Estado.
La iniciativa para dejarle a un lado a este conglomerado inepto no es de ahora; ha habido consultas populares, e iniciativas como esta última del presidente Noboa, al pedir a la Corte Constitucional dé luz verde para que las autoridades de control sean electas por la Asamblea Nacional (AN) y ya no por el desastroso CPCCS.
Cuando hablamos con los ciudadanos de a pie, cerca del 80% desconocen qué significa la famosa función de control y transparencia del Estado; por tanto, la indiferencia ante las decisiones y el giro diario de esta entidad es manifiesta, a pesar de tantos hechos que se desinforman, utilizados para victimizarse de parte de los políticos, sobre todo de los seguidores del correísmo, tratando de convencer a los ciudadanos la existencia de maldad y persecución a lo “conquistado” en la Constitución de 2008. ¿Habrá alguien con medio dedo de frente, que pueda avalizar al CPCCS para nombrar autoridades de control, cuando no puede ni elegir al encargado del leccionario de una escuela? (O)






