El estoicismo, impulsado por Zenón hacia el año 300 a. C., enseñó cómo vivir con tranquilidad en compañía de la razón. Sus seguidores enseñaron a mantener la calma aceptando la realidad y orientando la vida hacia el arte de vivir bien. Mostraron la diferencia entre aquello que depende de nosotros y aquello que no podemos controlar. Por ello, no se trata de dominar las circunstancias externas, sino de gobernar la propia razón. Así afirmaron que la “sabiduría, la justicia, la valentía y la templanza constituyen el bien supremo”. También señalaron que el reconocimiento social y los bienes externos son indiferentes para el valor ético de la vida. En el mundo contemporáneo, el estoicismo ha resurgido vinculado al autocontrol emocional.
El estoicismo, en su búsqueda de la virtud y el autocontrol, ha influido en la ética aplicada y en la psicología cognitiva, y se relaciona con diversos enfoques terapéuticos actuales. Nos convoca a que cada uno se pregunte: “¿Qué significa realmente vivir bien?”. La idea de vivir con virtud y autocontrol, inspirada en la filosofía estoica, ha sido retomada para ayudar a las personas en medio de los conflictos de la vida moderna, promoviendo la disciplina personal y el manejo del estrés. Por ello se habla del “renacimiento del estoicismo”, ya que en un mundo lleno de incertidumbre y conflictos sociales el autocontrol resulta fundamental.
Algunos médicos y psicólogos contemporáneos retoman las ideas del estoicismo y las adaptan al contexto moderno. Por ello, ya no se ve al estoicismo como una doctrina antigua, sino como una filosofía que ofrece principios y consejos útiles para enfrentar la vida moderna con calma y fortaleza mental. Una de sus principales recomendaciones es: “Cuando tengas un problema, separa y distingue lo controlable de lo incontrolable”. De esta manera, se puede enfocar toda la atención en la raíz del problema. Asimismo, aconsejan mantener la calma ante las dificultades y practicar cada día la reflexión y la autoevaluación. (O)





