Otra inundación

Las inundaciones en Cuenca ya no son excepcionales. Cada invierno repite la misma escena: ríos desbordados, calles anegadas, viviendas afectadas y familias tratando de salvar lo poco que tienen. Lo grave es que estos eventos son cada vez más frecuentes, pero la respuesta pública sigue siendo casi la misma: actuar cuando el daño ya está hecho, en lugar de prevenir.

Desde hace años se conoce el riesgo: ocupación de zonas inundables, sistemas de drenaje insuficientes, pérdida de áreas verdes y escasa planificación frente al cambio climático. Aun así, no se han tomado medidas de fondo para reducir la vulnerabilidad de la ciudad.

Además, las inundaciones golpean con más fuerza a mujeres y niños. Son las mujeres quienes suelen asumir la limpieza, el cuidado de personas enfermas, la protección de enseres y la reorganización del hogar en medio de la emergencia. Niñas y niños ven alterada su rutina, su salud y su seguridad. Ignorar esta realidad tiene un costo social cada vez mayor.

Cuenca necesita pasar de la reacción a la prevención: planificación urbana responsable, protección de riberas, restauración de ecosistemas y políticas que pongan en el centro a las comunidades más vulnerables. Porque cada inundación anunciada que no se previene es una deuda con la ciudad y con quienes más la sostienen. (O)

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Lcda. María Isabel Cordero

Lcda. María Isabel Cordero