Es una pregunta que parece simple, pero en realidad abre un campo amplio de reflexiones. ¿Quién define lo que es una mujer y desde dónde se hace esa definición? Históricamente, la idea de mujer ha sido pensada en relación con la idea de hombre. Esto plantea un problema: ¿la mujer fue concebida como una realidad propia o simplemente como aquello que no es el hombre? En la cultura occidental, lo masculino ha sido tomado como la medida de lo humano, mientras que lo femenino aparece como su diferencia. En ese marco, a la mujer se le han atribuido características opuestas a las que se asignan al hombre: lo emocional frente a lo racional, lo pasional frente a lo controlado. Así, lo femenino puede ser definido como aquello que queda fuera del contorno de lo masculino. Entonces ¿qué puede elegir una mujer? ¿Puede construirse a sí misma como mujer o su identidad ya está determinada? Incluso cabe preguntarse si intentar definir a la mujer no implica falsificarla, pues se la encierra en una categoría fija. Durante mucho tiempo, el sujeto universal -el sujeto del conocimiento, de la política y de la cultura- ha sido pensado como masculino. Esto se relaciona desde luego con el patriarcado, entendido como un sistema político y social donde el hombre aparece como la norma de lo humano. Por eso la pregunta inicial no desaparece: ¿qué es una mujer? ¿Puede cada mujer ser lo que quiera ser? ¿Es posible escapar a esa clasificación binaria? El psicoanálisis ofrece otra forma de pensar estas cuestiones. Freud sostiene que los seres humanos somos sujetos de una falta. Esa falta está vinculada con nuestra condición de seres hablantes. No actuamos únicamente por instinto; nuestras acciones están mediadas por el lenguaje. Según Freud, cuando entramos en el lenguaje experimentamos una forma de castración simbólica, es decir, el reconocimiento de que algo nos falta. El lenguaje mismo surge porque hay una falta: si todo estuviera completo, no habría necesidad de comunicarse. En la lectura de Lacan, la llamada posición masculina tiende a rechazar o encubrir la falta, mientras que la posición femenina estaría más vinculada a aceptarla. Al ser sujetos de falta, somos también sujetos de deseo, y el deseo organiza nuestras formas de vida, poniendo en relación a la naturaleza y la cultura. En este contexto, la dominación histórica de la mujer puede interpretarse también como un intento de dominar la naturaleza, aquello que se percibe como diferente o incontrolable. Por eso, en la pregunta ¿qué es una mujer? siempre quedará algo que no puede responderse. (O)






