En el sur del país, en los años 90 las comunidades vivían cambios abruptos. La migración hacia Estados Unidos crecía, las crisis económicas golpeaban a las familias y desastres como el de La Josefina alteraban la vida cotidiana.
En ese contexto nació en 1991 la Fundación Sendas, una organización que, con el tiempo se volvió un actor persistente en temas de derechos, género y participación social.
La institución cumple 35 años de trayectoria. Su aniversario se conmemora cada 5 de marzo y este año tendrá su Sesión Solemne el 19 de marzo, a las 17:30, en el Teatro Sucre, con la participación de antiguas colaboradoras, organizaciones aliadas y autoridades.
Evolución
Sendas surgió en una época en la que hablar de género todavía era poco común tanto en la academia como en las políticas públicas. “Su primer proyecto fue crear un centro de documentación especializado en género”, recuerda María Isabel Cordero, directora ejecutiva de Sendas.
Pronto quedó claro que no era suficiente. En las zonas rurales del Azuay y del sur del país, muchas mujeres quedaban solas cuando sus parejas migraban. Debían sostener el hogar, administrar remesas irregulares y mantener las actividades agrícolas.
Ante ese panorama, la organización empezó a impulsar proyectos para mejorar las condiciones de vida de mujeres rurales y facilitar el acceso a recursos productivos como tierra, riego o crédito.
Para Carmen Ortiz, coordinadora de proyectos de Sendas, la apuesta ha sido combinar trabajo comunitario con la incidencia en políticas públicas.
“Trabajamos con mujeres, niñas, adolescentes y población LGBTI. También impulsamos propuestas ante los gobiernos locales y el Estado para que respondan a lo que ocurre en los territorios y destinen recursos para sostener esas acciones”, señaló.
Sendas también ha participado en redes regionales con organizaciones de Bolivia, Perú y Colombia.
Diversidad
Desde sus primeros años, Sendas incorporó el trabajo en salud sexual y reproductiva. A inicios de los 2000 los programas se ampliaron hacia la prevención del VIH y el trabajo con población LGBTI.
“Al inicio era un enfoque más sanitario, pero luego se volvió una discusión de derechos: identidad, reconocimiento legal, igualdad”, explicó Cordero, quien lleva 27 años en la organización.
Entre 2016 y 2023 la organización participó en el proyecto Adelante con la Diversidad Sexual, orientado a fortalecer organizaciones LGBTI en la región andina.
La formación de jóvenes líderes también se volvió una línea central, junto con debates sobre masculinidades. “Queremos que los hombres también sean parte del proceso de erradicar la violencia”, dijo Ortiz.
Sendas también ha impulsado espacios de atención. En Portoviejo, por ejemplo, mantuvo durante varios años un servicio psicológico y legal para mujeres que vivían violencia.
Ortiz recuerda una historia que marcó al equipo. Una mujer acudía a terapia y había decidido quitarse la vida. “Ese día tenía una cita con nuestra psicóloga. Después de esa conversación buscó más ayuda y se fortaleció. Nos dijo que nos debía la vida”.
Cada año, Sendas trabaja directamente con entre 800 y 1200 personas en procesos formativos, mientras miles más acceden a programas educativos. Otro resultado es que, en 2022 se logró una reducción de dos puntos en el embarazo adolescente, tras un trabajo sostenido de 10 años.
35 años después, Sendas trabaja entre problemas que persisten y nuevos desafíos. “Sabemos que nuestros procesos no cambian el mundo de un día para otro. Pero sí damos herramientas para hacer personas más sensibles y más críticas desde un enfoque de Derechos Humanos, de género, de inclusión, de interseccionalidad, que es lo que necesitamos”, aseguró Cordero. (PNH)-(I)
Retos de cara al futuro
Después de más de tres décadas de trabajo, Sendas enfrenta un escenario distinto al de sus primeros años. Los cambios en la cooperación internacional, el clima político en torno a los derechos humanos y nuevas problemáticas sociales obligan a replantear estrategias.
“La cooperación internacional ha retrocedido y sostener una organización durante 35 años no es fácil. El desafío no es solo financiero, también tiene que ver con el ambiente político y social”, afirmó Cordero y señala que se vive un momento en el que defender los Derechos Humanos genera cuestionamientos y tensiones, lo que aumenta los riesgos para quienes trabajan en estos temas.
El futuro inmediato plantea otros retos: cómo integrar tecnologías como la inteligencia artificial en los proyectos, cómo sostener redes comunitarias y cómo mantener el interés de las nuevas generaciones. Al mismo tiempo, problemas históricos persisten. En Ecuador ocurre un femicidio aproximadamente cada 22 horas, según cifras citadas por la organización. (I)
DATOS
- El trabajo impulsado por Sendas en formación e investigación sobre género contribuyó a que en la Universidad de Cuenca se creara la Licenciatura en Estudios de Género.
- En 2013, Sendas recibió la insignia Virrey Hurtado de Mendoza por el servicio para un desarrollo alternativo del Sur. Además, en 2021 fue reconocida con la presea Matilde Hidalgo de Prócel al mérito social en su 30 aniversario al servicio de la comunidad. Ha recibido también reconocimientos del Ministerio de Salud, por su contribución a derechos de mujeres y jóvenes.
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