El toque de queda en Ecuador, realizado desde el 15 al 29 de marzo del 2026, en las provincias de Guayas, Los Ríos, El Oro y Santo Domingo, buscó reducir la violencia criminal que se vive no solo en estas 4 provincias, sino en todo el territorio ecuatoriano, cada día con más auge e intimidación. Las operaciones conjuntas de las fuerzas armadas y policía nacional, con más de 75 mil uniformados, trataron de frenar la delincuencia organizada y ejecutar intervenciones contra la minería ilegal, el narco tráfico y el comercio de armas. Según los voceros del gobierno el resultado fue positivo, se afirma que se produjo una reducción del 33% en la criminalidad, con más de 2000 detenidos, muchos de ellos delincuentes de gran valor, que lideran importantes grupos de crimen organizado, además de la destrucción de minas ilegales, así como la incautación de droga, armas y municiones. Pero tras estos resultados, se debe analizar también el impacto que en muchos aspectos causó esta medida, sobre todo en la economía nacional, con ingentes perdidas económicas en negocios que funcionan por las noches, amén de los cientos de millones de dólares que debe haber costado esta operación. Prácticamente se notó una gran tensión entre la necesidad de seguridad física, el impacto negativo de la economía, además de la falta de libertad de tránsito. Bien vale preguntarse ¿si este toque de queda dará como resultado la reducción de la delincuencia que azota al país, o simplemente fue una amenaza coercitiva de las autoridades para hacer cumplir la norma? Pensamos que, a más del toque de queda, son básicas y necesarias algunas acciones complementarias, como el preocuparse y dar mayor atención a la infraestructura, la educación, fuentes de trabajo, la salud, etc. Se debe tratar de construir condiciones factibles y reales para todos los ciudadanos, tratando de conseguir un camino viable, fértil, atractivo y seguro. Solo con un entorno seguro y con una justicia que todos sepamos respetar y que nadie dude ni se burle de su ley, se podrá cambiar el país y recuperaremos la paz tan ansiada. (O)





