El ‘Inge Francisco’, docente y creador de contenido que alcanzó un millón de suscriptores en YouTube

Francisco Terán millón de suscriptores YouTube
El docente Francisco Terán sujeta la placa de YouTube que certifica el millón de suscriptores, símbolo de constancia, disciplina y crecimiento en la educación digital. / Xavier Caivinagua A.

Francisco Terán, conocido en el mundo digital como el ‘Inge Francisco’, es un docente universitario y creador de contenido especializado en herramientas digitales como Excel. El 17 de marzo de 2026, recibió la placa de YouTube al alcanzar el millón de suscriptores, una meta que describe como la sensación de un «objetivo cumplido».

En una entrevista exclusiva con Diario El Mercurio, Terán relató cómo este logro llegó tras años de esfuerzo constante y la validación de la plataforma. En solo cinco años, pasó de 100 mil a un millón de seguidores, siendo la constancia su principal estrategia. Sus tutoriales de Excel, que alcanzan entre 1 y 2 millones de vistas, continúan impulsando su crecimiento, y su próxima meta es llegar a los 10 millones de suscriptores.

Entrevista con Francisco Terán

– Ingeniero, antes de los números y la viralidad, ¿quién era Francisco Terán como profesor y qué lo motivaba a enseñar?

Antes de redes sociales, Francisco Terán era un docente universitario como cualquier otro: con sus alumnos, su trabajo de tiempo completo y dictando la cátedra de TIC en la carrera de Medicina desde hace más de 14 años. Antes de la pandemia ya tenía alrededor de siete años de experiencia en docencia y llevaba una vida muy normal: preparaba clases, las impartía, compartía con colegas y cumplía su rutina académica como cualquier docente.

– Al revisar su historia aparece la imagen del niño que desarmaba radios por curiosidad, ¿qué queda de ese impulso hoy?

Desarmaba radios y no los podía volver a armar, travesuras de niño. Siempre me llamó la atención la tecnología. Desde pequeño hacía computadoras y teclados de cartón, cuando aún no eran comunes en los hogares. Me interesaba manipular cosas con mis manos, entender cómo funcionaban. Luego, en la universidad, programar y trabajar con computadoras reforzó ese interés. Esos fueron los cimientos de lo que soy hoy.

“La única forma de llegar a los estudiantes en pandemia era lo digital; si uno quería enseñar, tenía que adaptarse a tutoriales, redes sociales y contenido fuera del aula”

– Un comentario de un estudiante -“dicte clases por Facebook”- marcó un giro. ¿Por qué decidió tomarlo en serio?

Estábamos en pandemia y la única forma de llegar a los estudiantes era a través de medios digitales: Zoom, plataformas virtuales, redes sociales. Era la única alternativa. Entonces empecé a subir videos y decirles a mis alumnos que revisaran ese contenido para complementar las clases. Algunos se sorprendían, pero era una forma efectiva, y necesaria en ese momento, de seguir enseñando.

– Sus primeros videos eran muy básicos, ¿qué le enseñó esa etapa sobre autenticidad frente a perfección?

Todo creador pasa por esa etapa. Mis primeros videos eran muy deficientes: grabados con el celular apuntando a la pantalla, sin micrófono, con audio ambiental y mucha inseguridad. Pero eso permite ver el progreso. Si comparas los primeros videos con los actuales y notas diferencia, significa que has mejorado. Mi formación como ingeniero ayudó a incorporar rápidamente herramientas de grabación, edición y postproducción.

– ¿Cuándo sintió que esto dejaba de ser un experimento y se volvía un proyecto real?

Prácticamente desde el primer video. Un tutorial muy básico de Excel tuvo 800 mil vistas. Luego otros videos, igual de simples, también lograron cientos de miles de vistas. Ahí entendí la necesidad que tenía la gente y decidí crear contenido de forma más seria. Empecé en TikTok, en 2019, cuando casi nadie hacía contenido educativo ahí. Creo haber sido de los primeros en hacerlo.

– ¿Cómo vivió ese crecimiento acelerado y qué sacrificios implicó?

Con mucha motivación. Ver que los videos tenían acogida es como recibir aplausos. Eso impulsa a seguir. En TikTok fue inmediato, pero en YouTube fue distinto: crecimiento más lento, menos vistas al inicio. Ahí entra la perseverancia. Nunca dejé de crear contenido en siete años. Claro que hubo sacrificios: posponer reuniones, perderme eventos familiares o dedicar fines de semana a editar. Pero los resultados han valido la pena.

“Si comparas tus primeros videos con los actuales y ves una gran diferencia, significa que estás progresando; ahí se mide realmente el crecimiento de un creador”

– Al alcanzar un millón de suscriptores, ¿qué ha cambiado?

He ganado madurez, sobre todo para entender a la comunidad. Hay comentarios buenos y malos, y uno debe aprender a manejarlos. Como persona sigo siendo el mismo docente al que le gusta enseñar. Pero en lo social sí cambia: estás en contacto constante con miles de personas, con distintas culturas y formas de pensar. Eso te enseña a manejar incluso el ‘hate’.

– Usted ha pasado del aula tradicional al aula digital. ¿Cómo se conectan hoy esos espacios?

Están íntimamente relacionados. Hoy vivimos una educación donde todo docente debe usar tecnología. La pandemia aceleró ese proceso, pero llegó para quedarse. Cada vez habrá más orientación tecnológica en la enseñanza.

– ¿Su éxito evidencia nuevas formas de educar o vacíos del sistema tradicional?

Existen limitaciones, como el acceso a internet, que impiden implementar completamente estas metodologías. Pero la educación está cambiando hacia lo digital. Con la inteligencia artificial, tanto docentes como estudiantes pueden optimizar su trabajo. Eso impulsa aún más este modelo.

– Al inicio usted elegía los temas, ahora responde a su comunidad. ¿Cómo cambió eso su enseñanza?

Cambió totalmente. Antes buscaba temas; ahora leo comentarios, correos, sugerencias. La comunidad marca la pauta. Eso hace el contenido más útil y relevante.

– Enseña herramientas técnicas a audiencias masivas. ¿Cuál es la clave para volver simple lo complejo?

Creo que es la metodología y el lenguaje. Uso explicaciones sencillas, a veces coloquiales, para que la gente entienda rápido. Cada docente tiene su estilo, pero eso ha caracterizado mi contenido.

“La constancia y la perseverancia han sido clave: no he dejado de crear contenido en siete años, incluso cuando los resultados no llegaban de inmediato”

– Sabe que su contenido ha ayudado a personas en su trabajo. ¿Cómo asume esa responsabilidad?

Es una motivación enorme. Recibo mensajes de personas que consiguieron empleo, ascensos o mejoras gracias a mis videos. Eso enriquece mucho y me impulsa a seguir creando contenido que aporte.

– La creación de su academia virtual marca otro paso. ¿Es esta una nueva forma de educación?

Definitivamente. Es más accesible y flexible. Hoy se puede estudiar desde cualquier lugar, a cualquier hora y al propio ritmo. La educación digital es una realidad consolidada.

– ¿Qué significa hoy enseñar en la era digital?

Es una combinación de todo: compartir conocimiento, generar oportunidades y construir comunidad. Todo depende de la pasión, la constancia y la perseverancia.

– Un millón de suscriptores no es nada sencillo. ¿Cuál es la siguiente meta?

No es fácil y claro que hay metas. Recuerdo cuando obtuve la placa de 100 mil suscriptores; la de un millón parecía imposible. Ahora pienso en los 10 millones. Se ve lejano, pero no imposible. Mi objetivo es seguir creando contenido y creciendo mientras sea posible. (I)

“Hoy la educación está íntimamente ligada a la tecnología y seguirá así; cada vez será más digital, más flexible y accesible para todos”

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Diego Montalván

Diego Montalván

Editor general. Magíster en Comunicación Estratégica Digital, 21 años en medios impresos, especialista en edición periodística y autor de artículo científico en Media Education (Italia).