La Revista Infantil Chispiola cumple dos décadas de circulación en Cuenca. Su primera edición circuló el 20 de abril de 2006, en el contexto de las fiestas de fundación de la ciudad, como una propuesta dirigida a la niñez. Desde entonces, ha desarrollado una línea editorial vinculada a la promoción de derechos y al uso de la lectura como herramienta pedagógica.
La conmemoración se realizó el 16 de abril de 2026 en el Teatro Sucre, con la asistencia de alrededor de 800 estudiantes, docentes, autoridades y colaboradores.
La jornada incluyó un concierto a cargo de la Orquesta Sinfónica de Cuenca, en un formato pensado para el público infantil.
Diana Arévalo Guzmán, fundadora y presidenta del consejo editorial, explicó que el proyecto surgió en un momento de cambios normativos en el país.
“La revista nace con el afán de promocionar los derechos de niñas y niños, cuando dejan de ser vistos desde la doctrina de situación irregular y pasan a ser sujetos de derechos”, señaló a El Mercurio.
Añadió que la publicación buscó desde el inicio “impulsar la participación social de la niñez”.


Trabajo
La revista comenzó con 12 páginas a color y una circulación de 10.000 ejemplares gratuitos, tiraje que se mantuvo hasta 2020, cuando la pandemia obligó a suspender su edición durante dos años.
Posteriormente, la impresión se redujo a 5.000 ejemplares y actualmente alcanza los 7.000.
De forma paralela, la publicación incorporó su versión digital, disponible a través del Ministerio de Educación, Deporte y Cultura, lo que amplió su acceso dentro del sistema educativo.
Contenidos
Los contenidos abordan temas de actualidad vinculados con niñez, derechos, género, participación e interculturalidad.
Para Arévalo, estos ejes se han mantenido a lo largo del tiempo. “La necesidad de la paz, la tolerancia y los valores es permanente, y eso orienta nuestro trabajo”, indicó.
La revista se distribuye en 50 unidades educativas fiscales del cantón Cuenca mediante un convenio con el Ministerio, que apoya en la logística de entrega.
Está dirigida a estudiantes de 5.º, 6.º y 7.º de educación general básica. En las aulas, se utiliza como recurso pedagógico transversal. “Apoya áreas como lengua y literatura, ciencias naturales o estudios sociales”, explicó el docente Lido Arévalo, de la Unidad Educativa La Inmaculada.


Retos
El financiamiento ha sido uno de los principales retos para sostener el proyecto. “Siempre es un cuello de botella, pero hemos contado con el respaldo de la empresa pública y privada”, señaló la fundadora.
Pese a estas limitaciones, la publicación se mantiene y proyecta recuperar su tiraje inicial en el corto plazo, además de ampliar su presencia a ciudades como y Guayaquil.
A lo largo de estos años, el equipo editorial ha reunido a colaboradores de distintas áreas. Bernarda Martínez, primera redactora y editora, recordó los inicios. “Fue un proyecto muy emocionante, acompañar a Diana ha sido un verdadero gusto”, expresó.
El diseñador Andrés Abad destacó la constancia de la fundadora. “Algo que admiro mucho es la constancia que tiene, es incansable y es algo que hay que admirar”.
Ana María Durán subrayó que el trabajo ha permitido llegar a los niños con diversos mensajes, “manteniendo la frescura y el tono propio del lenguaje infantil”.
Para María Augusta Serrano, la vigencia del proyecto confirma su valor educativo. “Cuando uno tiene contacto con los niños y docentes, la historia va dando la razón. Es una experiencia que debe sostenerse en el tiempo”, afirmó.
Desde la escritura, Sebastián Lazo subrayó el alcance de la revista. “Para mi Chispiola ha sido la posibilidad de llegar con mis textos, anécdotas y cuentos a miles de niños. En las escuelas siempre había una Chispiola en las mochilas”, recordó.
Dos décadas después de su primera edición, Chispiola mantiene su presencia en las aulas y su enfoque en la niñez como sujeto de derechos. (PNH)-(I)
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