Turismo legislativo

Mientras el Ejecutivo se da modos para cobrar e imponer más y más tributos a los ciudadanos; en seguir endeudando al país así sea para pagar deudas anteriores a los mismos acreedores, el presidente de la Asamblea Nacional, Niels Olsen, se empecina en llevar al Pleno para que sesione en otras provincias.

¿La justificación? Que los asambleístas vayan a “territorio”, un término acoplado por la sociología de bajo cuño; y porque no cobran viáticos.

La sede oficial de la Asamblea es Quito. Según la ley, debe sesionar fuera de la capital únicamente en casos excepcionales. 

Pero durante la administración de Olsen se ha hecho costumbre. Una especie de política legislativa, que al país le cuesta alrededor de 30 mil dólares. Podría ser más.

¿Alguien recuerda los resultados de las sesiones desarrolladas en Guayaquil, hace no mucho tiempo en Cuenca, como en otras ciudades?

¿Alguien sabe qué trataron, qué aprobaron; qué es lo que dijeron los asambleístas entrevistados por quienes solo buscan meras “declaracionitis”?

Algo así como un “turismo legislativo” para, dizque, llegar a ciudades cuyos habitantes a lo mejor ni sabrán los nombres de los “honorables”.

La oposición no está de acuerdo con esta decisión, la critica, tanto por los costos, aunque sean mínimos, cuanto porque no hay razón de fondo ni legal para sesionar en otro lugar que no sea Quito. 

Literalmente, llegan, se encierran en el lugar escogido, hablan y hablan, aprueban alguna ley, que bien pudieron hacerlo en la capital, se ubican para la foto, el video; luego retornan.

¿Eso es acercarse, como dice Olsen, a la ciudadanía? ¿Vale que por los once desplazamientos realizados desde 2025 se haya gastado USD 330.000?

Se echa de los hospitales públicos a médicos, enfermeras, odontólogos, argumentando la austeridad, en tanto el Estado subvenciona traslados inoficiosos. Hay que dar ejemplo.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO