En “antizamoranismo” como el “zamoranismo”; el “antinoboismo” como el “noboísmo”; el “correísmo” como el “anticorreísmo”; el “antilloretismo” como el “lloretismo”, que, a fin de cuentas, son ismos que hierven en la misma paila, son parte la vocinglería política que predomina en Cuenca.
Todos esos ismos circulan por redes sociales, el canal eficaz mediante el cual hablan los denunciólogos, el reporterismo militante y enfermizo, que nada, nada tiene que ver con el buen periodismo, peor con el de investigación; igual los resentidos, los que lazan lodo al riachuelo cuyas aguas bebieron un día y le agradecían y le alababan; ni se diga los todólogos, los “criticólogos”, que hasta creen que el volante de un vehículo también puede ser cuadrado. En fin… ¿Excepciones? Pero por su puesto. Aunque pocas, pero las hay.
Esos ismos hacen notar que el debate político en la ciudad ha caído tan bajo; que hay poca masa gris entre los remedos de políticos que pululan, que ni siquiera pueden articular una oración gramatical, y consideran que el destino de Cuenca les pertenece a ellos, solamente a ellos.
Y, vaya paradoja o desgracia, están logrando que la ciudadanía crea que únicamente debe decidir entre ellos.
Es que, como ocurre en Quito, Guayaquil, y otras ciudades, en Cuenca no hay líderes políticos; apenas sí habladorcitos de segunda; querendones que se aferran al azar electoral; o viejos “moiseses” que aún creen que pueden ir en pos de los Diez Mandamientos.
Y, lo peor, que tampoco hay partidos ni movimientos políticos, excepto unos clubes electoreros, como ya dijo con “nombres de yogurt”.
No responden más que a sus gerentes propietarios, ahora mismo en apuros por fingir matrimonios que les permitan sobrevivir; fraguar ententes corruptas para repartirse cargos y contratos.
En medio de esa vocinglería, de lanzar lodo y recibir piedras; de haber tomado a Cuenca como si fuera un pueblucho para gobernarlo, no se debate sobre un proyecto de ciudad, real y ejecutable; sus problemas, algunos angustiantes, que ya mismo explotan, pasan inadvertidos; con seguridad, ni siquiera están en la mente de las mentes que apenas mastican mentas para esconder sus tufos.
¿Y los demás? Atestiguando esa debacle, esa pelea entre dos corrientes, la una podrida; la otra, que así asome como alternativa sigue por el mismo cauce; tiene en su mira tomarse Cuenca, a lo mejor para llevarse la alcaldía a Quimsacocha y la prefectura a Río Blanco.
¿Habrá una “tercera vía”? (O)









