Hay radios que no solo acompañan, sino que forman generaciones, y, para quienes crecimos en Cuenca en los 80 y 90, la Súper 9’49 fue mucho más que una emisora: fue una escuela sentimental, la banda sonora de vida y una forma de vincularnos al mundo. En una época sin redes, playlists, ni inmediatez digital, la radio tenía el poder de revelarnos canciones, conciertos, voces y emociones, darnos pertenencia y abrir mentes.
La Súper 9´49 nos enseñó a esperar la hora de los saludos, a grabar canciones con paciencia, a enterarnos de lo que pasaba en la ciudad, en el mundo, en la música y también en nuestras propias vidas. Allí sonó el rock que nos marcó, pero también la posibilidad de sentirnos parte de algo más grande: una generación atravesada por la música, la rebeldía y el afecto.
Cuarenta años después, la Súper 9’49 sigue sonando y sigue significando cercanía. En tiempos de consumo fugaz, algoritmos y ruido, su permanencia es casi un acto de resistencia. Porque hay voces que se vuelven familia, rutinas que se vuelven refugio y emisoras que, sin proponérselo, terminan contando también la historia de quienes las escuchamos. Es memoria, complicidad y compañía cotidiana. Y en esa fidelidad habita una ciudad que recuerda de dónde venimos, a dónde vamos y que el rock sigue siendo un ejercicio de resistencia. Feliz cumpleaños animal de radio. (O)
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