Bueno. Cuando se pelean los compadres se sacan los cueros al sol. Queda evidenciado, una vez más, que en la política no hay cómo ni confiar en la sombra. Realmente, por casos como este, la gente detesta la política. Y por eso se termina dando el voto a cualquier ciudadano que se asoma en la papeleta.
Como siempre, vamos a dar contexto a esta pelea política sentimental. Empezamos. Hace pocas semanas un exfuncionario municipal presentó “oportunamente” una denuncia contra el alcalde de Cuenca. Y lo digo oportunamente por algo que no es secreto. Se adelantaron las elecciones y hay algo que huele en el aire. Poder.
Claro. Y los chismes empezaron a circular. Según este pajarito del ámbito electoral, estas “oportunas” denuncias nacen de un relajillo, ya que cuando perdió las elecciones y quiso regresar a su puesto en el municipio le dijeron que el que se fue a Quito perdió su banquito. Que lo sienten mucho, pero que regrese por la sombrita.
Entonces. La cosa pasa de castaño a oscuro. El ajuste estaba guardadito hasta que llegue el momento adecuado. Así que, extrañamente, empiezan a presentarse estas denuncias a través de los medios de comunicación y a volverlas mediáticas con un solo afán. No se los voy a decir, pero está a simple vista.
¡Carambas! Pero los del otro lado se avivaron y empezaron a rebuscar los oficios que firmó cuando el denunciólogo estaba en funciones. ¿Qué creen que pasó? Simplemente desempolvaron el escritorio y encontraron que, cuando estaba en funciones, hizo lo mismo que denunció. Le salió el tiro por la culata.
Chuzo. Como lo dijo alguna vez una asambleísta suelta de palabras. Si roban, robarán bien. En este caso, si denuncian, denuncien bien. No den papaya y no lo conviertan en meme. En lugar de afectarlo políticamente, se dio un tiro en la pata. Así es como ocurren cositas extrañas cuando arranca la carrera electoral. ¡Qué tontines! (O)









