Jaime Vásquez Valencia, un cuencano que hace cinco años llevó a Estados Unidos (EE.UU.) el oficio de mecánico industrial aprendido de su padre, recuerda como si fuera ayer lo que vivió el pasado 26 de enero. Su vida dio un giro inesperado cuando agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) lo detuvieron por no contar con documentos que acreditarán su residencia en ese país.
Ese día, Jaime se levantó temprano para transportar en su camioneta los materiales que sus trabajadores necesitaban para cumplir con una obra. En el trayecto, dos vehículos se cruzaron en su camino. De ellos descendieron varios agentes que, sin darle tiempo a reaccionar, le dijeron: “Señor Vásquez, sus papeles”.
Hasta hoy, no logra explicarse cómo conocían su nombre. Sospecha que pudo haber estado siendo vigilado, quizás por su constante actividad laboral y el orgullo que siempre mostró por ser ecuatoriano. De inmediato fue trasladado a uno de los centros de detención de migrantes, donde permaneció cerca de un mes antes de ser deportado a Ecuador.
Durante su permanencia en el centro, se comunicaba con su familia -que se encuentra en EE.UU.- a través de llamadas telefónicas. Finalmente, el 24 de febrero fue deportado junto a otros ecuatorianos detenidos por la misma causa. Llegó al aeropuerto de Guayaquil y, tras los controles migratorios, tomó un transporte hacia Cuenca.
Al arribar a la ciudad que lo vio nacer, sus padres y hermanas lo esperaban para recibirlo con un abrazo, como el día en que partió. Ese encuentro marcó el inicio de una nueva etapa, con la firme convicción de volver a levantarse en su tierra.

Pasaron alrededor de 15 días hasta que Jaime logró recuperar la calma y empezar de nuevo. Desempolvó sus herramientas y reactivó su taller. En los primeros días, visitó a amigos y conocidos que recordaban su trabajo como mecánico industrial en busca de nuevas oportunidades.
Su primer encargo fue el mantenimiento de un bien; luego asumió un trabajo de mayor magnitud: la estructura metálica de una vivienda. Así, poco a poco, Jaime reconstruye su camino, convencido que, con el apoyo de su familia y su fe, es posible salir adelante en cualquier lugar.
Actualmente, reabrió su taller en el sector de la planta de agua potable de El Cebollar. Además, realiza los trámites necesarios para traer al país los equipos que tenía en EE.UU., con el objetivo de aplicar conocimientos y técnicas que adquirió durante su estadía en el extranjero.
Asimismo, espera que en los próximos meses su esposa e hijas puedan regresar al país para reencontrarse y volver a conformar la familia que son, con nuevos propósitos que aspiran cumplir esta vez desde Ecuador.
Metas para ayudar a los demás
En el plano personal, Jaime tiene la intención de convertirse en un actor social que, a partir de su experiencia, pueda aportar a otros migrantes que han atravesado situaciones similares, motivándolos a salir adelante en el país sin la necesidad de volver a emigrar.

Reconoce que en EE.UU. el desarrollo económico es más acelerado que en Ecuador; sin embargo, valora profundamente la tranquilidad de estar en su tierra, donde puede vivir sin temor a ser detenido por salir a trabajar dignamente para ganarse el sustento diario.
Además, asegura que mantiene contacto con migrantes que han sido deportados, a quienes procura brindar apoyo para que asimilen de mejor manera su situación. Su mensaje es claro: no están solos y, entre ecuatorianos, es posible ayudarnos mutuamente para salir adelante pese a cualquier adversidad.
- Permaneció cinco años en Estados Unidos. Ingresó con visa de turista y no logró regularizar su situación migratoria.
- En ese país, Jaime creó su empresa de mecánica industrial: Jaime Vásquez Industrial LLC, donde llegó a generar empleo para seis personas.
- Antes de migrar, se desempeñó como docente y trabajaba en un taller junto a su padre, que hasta hoy continúa siendo su principal respaldo.
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