Una ciudad jardín en Cuenca

Esa fue una de las ideas que primó en la planificación urbana de la ciudad de los años cuarenta del siglo anterior, que contó con el criterio del muy mentado arquitecto uruguayo Gilberto Gatto Sobral.

La parte de la ciudad que limita al norte con el río Tomebamba y con el Yanuncay al sur, al oeste con la actual avenida Loja y al este con el parque El Paraíso, denominada como El Ejido, fue concebida en la planificación de Gatto Sobral, como una zona verde, de lotes con jardines amplios y casas habitadas por familias… ¡una ciudad jardín!

Ese diseño urbano, gestado en el año mencionado y concebido para una vigencia de cincuenta años, esto es hasta 1997, permitió el desarrollo de una de las zonas de mayor belleza de la ciudad, con los ríos Tomebamba y Yanuncay como flancos naturales y con un verde y esplendoroso medio ambiente, en el cual, de manera armoniosa y elegante, se incorporaron amplias viviendas que cumplían con los estándares de la planificación urbana realizada. 

Esa zona en especial, es el objeto del deseo de empresarios de la construcción, que adquieren los originarios lotes de terreno con sus casas, para utilizarlos, luego del derrocamiento de las villas tradicionales, como espacios en los cuales levantan edificios de varios pisos que son ofertados como oficinas, en algunos casos, y como departamentos de vivienda, en otros. 

La ciudad jardín, está en peligro, porque los intereses de los negocios y las necesidades de la gente confluyen para que las nuevas edificaciones sean, en el primer caso muy redituables, y en el segundo viables, porque la adquisición de lotes de terreno en esa zona y la construcción de las villas tradicionales, en la actualidad es casi imposible, para la mayoría de ciudadanos que, en cambio, sí podrían acceder financieramente a la compra de departamentos en las nuevas construcciones verticales que se levantan en ese entorno, hasta ahora, tan bello e icónico. 

Lo señalado, es solamente un elemento de la realidad local. Los intereses legítimos de inversionistas y de ciudadanos que quieren residir en esa zona, se encuentran en el escenario más amplio de lo que la comunidad quiere que sea su ciudad, y en este caso concreto, cual quiere que sea el destino de esa irrepetible zona urbana.

Debemos debatir sobre el futuro de Cuenca. Personalmente creo que la belleza natural y paisajística de El Ejido, debe ser protegida por normas jurídicas que se respeten a ultranza. También creo que es posible armonizar los diferentes intereses en juego, claro, respetando el patrimonio cultural y natural de esa zona, que tanto nos identifica y que debería ser declarada como tal, para protegerla como corresponde. (O)

Dr. Juan Morales Ordóñez

Dr. Juan Morales Ordóñez