El estado tiene la obligación de garantizar el acceso universal y gratuito de todos los ecuatorianos a sus estamentos de salud pública, así como el derecho al disfrute de los niveles mínimos esenciales de salud. Incluso en situaciones adversas deben existir partidas presupuestarias reservadas para asegurar el derecho inalienable a los servicios de salud. Lamentablemente la salud actual en nuestro país pasa por una crisis global; la salud pública está sobrecargada y debilitada, amén de la falta de medicamentos, equipos e insumos básicos, al extremo que, la gran mayoría de pacientes debe comprar sus propias medicinas. El presupuesto actual de ministerio de salud ha disminuido en más de 400 millones de dólares en los últimos 3 años, gran parte de este rubro se destina a sueldos y gasto corriente. Las citas médicas son de larga espera, de meses e incluso de años; prácticamente los hospitales públicos del ministerio y del IESS están colapsados. Hay mucha desigualdad en su acceso, con grandes diferencias a la atención entre zonas urbanas y rurales. Pero sobre todo en estos últimos tiempos hay una gran inestabilidad institucional, con denuncias de corrupción y mala gestión administrativa; la verdad es que como nunca, la salud del Ecuador está en agonía. Con bombos y platillos, a pesar de muchas denuncias y cuestionamientos en contra de este nuevo funcionario, el presidente Noboa acaba de oficializar como nuevo ministro de salud al Dr. Jaime Bernabé Erazo, médico cirujano, con mínima experiencia en el sector público, en 2024 por un cortísimo período fue director del Instituto ecuatoriano de seguridad social, pero fue separado de su cargo por haber omitido declarar en contraloría su participación en empresas proveedoras de servicios médicos. Hasta el mes de abril del 2026, este personaje figura como accionista en 8 empresas vinculadas al área médica, según los registros de la super intendencia de compañías. El Dr. Bernabé Erazo será el séptimo ministro de salud en esta pálida era Noboista, suplantará en sus labores a María José Pinto, que en este ministerio parece que estaba más “pintada en la pared” que otra cosa, y que a lo mejor fue a España para que en el museo del Prado, le retraten montada en un columpio. La pregunta del millón: ¿hasta cuándo esperamos que un ministro le saque a la salud ecuatoriana de terapia intensiva? (O)





