La militarización de la Universidad de Cuenca no es un hecho aislado. Expresa una lógica autoritaria que se viene instalando desde hace meses, convertir lo excepcional en regla. Cuando las armas irrumpen en un espacio de pensamiento crítico, no se protege, se disciplina.
La historia ecuatoriana ya conoce este guion. Durante los gobiernos de José María Velasco Ibarra, la intervención militar en universidades buscó sofocar a una juventud movilizada y crítica. Frente a ello, el rector de la U de Cuenca, Gerardo Cordero y León, defendió la autonomía universitaria y denunció la ocupación como una violación al carácter libre de la academia.
Hoy, esa escena resuena. La presencia militar no solo ocupa un campus, busca imponer miedo y desarticular la organización social. En Cuenca, ciudad con memoria de resistencia, esto provoca indignación, igual que el silencio de sus autoridades.
No olvidemos que la Constitución garantiza la autonomía universitaria y la inviolabilidad de sus recintos. El ingreso arbitrario de militares vulnera estos principios y debilita el Estado de derecho. Cuando la fuerza sustituye a la ley, lo que se instala no es orden, sino una dictadura. (O)
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