Quienes estudiamos una carrera universitaria en los setenta y ochenta del siglo anterior, en Ecuador, lo hicimos en un ambiente en el cual la política tenía gran importancia. La Facultad de Jurisprudencia y Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad de Cuenca, era un espacio de entusiasta y legítimo proselitismo político. Este proselitismo era protagonizado por fuertes movimientos estudiantiles inspirados, la mayoría de ellos, en ideologías de izquierda. Estos movimientos denunciaban al sistema capitalista y proponían luchar en su contra. Por eso, buscaban reemplazarlo por modelos de gobierno inspirados por el marxismo, en algunos casos. En otros casos, se inspiraban por el maoísmo.
Las realidades políticas y culturales del mundo y de la región, en esa época, impulsaron la actividad estudiantil universitaria del Ecuador y de nuestra ciudad. La revolución cubana de 1959 y sus protagonistas, fueron símbolos de compromiso con los más altos ideales de la justicia social. Así lo sentían y proclamaban quienes fueron cautivados por esos acontecimientos y por su discurso.
El comunismo era visualizado como inevitable históricamente y también como el espacio en el cual la justicia social se concretaría. “De cada uno según su capacidad, a cada cual según su necesidad”, fue la consigna atribuida al marxismo.
Sentir el dolor de los débiles y denunciar la explotación de los trabajadores y de los pobres, era un objetivo moral para quienes adhirieron a esa inmensa corriente histórica. Así, también buscaban la vigencia de nuevos sistemas de gobierno socialistas y comunistas. Lo hacían a través de procesos revolucionarios.
El movimiento contracultural hippie

El movimiento hippie, en la década de los sesenta, rechazaba el capitalismo y promovía el pacifismo, el amor libre y la conciencia ambiental.
Muchos estudiantes de la época adhirieron a esos objetivos de cambio, y algunos, asumieron como propias las doctrinas políticas del socialismo y del comunismo. Por otro lado, otros, en espacios diferentes a las aulas universitarias ecuatorianas, fueron influenciados por los acontecimientos culturales del mundo occidental. Fue un momento histórico muy potente. Pretendió romper formas políticas y culturales de un capitalismo, que se reafirmaba, como un sistema todopoderoso dominado por el lucro y el mercado.
El movimiento contracultural hippie, gestado en California en los años sesenta, que promovía la paz y un estilo de vida alternativo al tradicional materialismo capitalista, influenció grandemente en muchos jóvenes de la época.
El rock y la música anglo de los setenta y ochenta, que aún se escucha, fueron solo algunas de sus manifestaciones ampliamente recogidas por el mundo. Además, el movimiento estudiantil europeo, conocido como Mayo Francés o Mayo del 68, que luchaba por un nuevo modelo de educación y contra la sociedad de consumo, también tuvo impacto decisivo en esas generaciones.
“Prohibido prohibir”, “La imaginación al poder”, “Seamos realistas, pidamos lo imposible”, fueron algunas de las consignas más populares y trascendentes de ese movimiento.
En la práctica, el ejercicio del poder socialista, alcanzado a través de sangrientos procesos de eliminación de la disidencia, nunca pudo superar rasgos atávicos de la humanidad, que determinan, que el aprovechamiento de los otros para beneficio personal, fue lo que condicionó el ejercicio de ese poder, idealmente concebido para la justicia social, la solidaridad y la cooperación.
El comunismo o la antípoda de la libertad

La superación del sistema capitalista, fue el objetivo de doctrinas de la izquierda internacional de finales de los siglos XIX y XX.
La aspiración de igualdad política y económica, está conectada con la idea de justicia social. Para alcanzarla, la ideología marxista propone la eliminación de la propiedad privada de los medios de producción, que sería reemplazada por la propiedad colectiva. También se aspira a la eliminación de las clases sociales.
Los procesos para alcanzar ese estado ideal de convivencia, pasan por el control de la sociedad a cargo de los trabajadores y de la clase proletaria. Esto aboliría así la explotación capitalista. Pero los pensadores alemanes Marx y Engels son los que propusieron esta doctrina.
Luego del control socialista, esa teoría, propone que el Estado y el derecho, desaparezcan para dejar en su lugar a una sociedad sin clases sociales, comunista, autogestionada y sin aparatos coercitivos. En esa sociedad, tendría vigencia una ética de cooperación y solidaridad.
Esa propuesta impactó en todo el mundo y acá también. Grandes pensadores mundiales adhirieron a esa idea. Personalidades locales también. Tanto ellos, como los de acá, estuvieron inspirados por el ideal de equidad social.
En la práctica, el ejercicio del poder socialista, alcanzado a través de sangrientos procesos de eliminación de la disidencia, nunca pudo superar rasgos atávicos de la humanidad, que determinan, que el aprovechamiento de los otros para beneficio personal, fue lo que condicionó el ejercicio de ese poder, idealmente concebido para la justicia social, la solidaridad y la cooperación.
Regímenes soviéticos, chinos y en los de Europa del Este
Y, fueron los abusos y la imposición de una clase política que, en nombre de esos ideales, se aprovechó y sometió a todos los otros. Millones de personas fueron muertos en los regímenes soviéticos, chinos y en los de Europa del Este. La opresión dictatorial también se dio en Cuba y en otros países que implantaron este modelo.
Frente a esa situación derivada de la realidad del comunismo puesto en práctica, y de los otros regímenes totalitarios, muchos escribieron sobre ella, denunciándola y criticándola, pese a la implacable represión. Por ejemplo, Gide, Orwell, Soljenitzin, Popper, Arent, Vargas Llosa, entre otros.
En Ecuador el pensamiento social del siglo XX, fue esencialmente de izquierda, expresado en la literatura, la política, la sociología y el arte. Joaquín Gallegos Lara, Nela Martínez, Manuel Agustín Aguirre, Guayasamín, son algunos ecuatorianos que representan la versión local de la gran corriente social que marcó la historia de la humanidad.
La extensa obra del austríaco Popper

Los estudiantes de Paris, en mayo de 1968, fueron los gestores de uno de las más importantes manifestaciones de la contracultura que denunciaba el consumismo capitalista.
Durante mis años como estudiante en la Universidad de Ginebra, trabajé sobre algunos libros de la extensa obra del filósofo austríaco Karl Popper. Su obra “La lógica del descubrimiento científico” me permitió acceder a su propuesta epistemológica del “falsacionismo”. De este modo, la ciencia se define por su capacidad de ser refutada.
Leí con gran entusiasmo una serie de sus conferencias y ensayos sobre temas variados, recopilados en su libro “En busca de un mundo mejor”. Además, conocí su obra “La sociedad abierta y sus enemigos” publicada en 1945. Este libro se convirtió en un referente en contra de los totalitarismos y en un texto pro democracia liberal y pluralismo.
Popper no abandonó nunca la búsqueda de la justicia. Su propuesta no defiende la igualdad absoluta, sino que busca el cuidado de los ciudadanos a través de la construcción de instituciones jurídicas para proteger a los débiles frente a los económicamente fuertes. En efecto, la justicia para Popper consistía en el tratamiento igualitario ante la ley. Además, proponía la eliminación de privilegios raciales, de género o familiares.
La democracia y el derecho
La democracia y el derecho, para el pensador austríaco, son las más depuradas formas para la convivencia y deben ser protegidas. Sin embargo, la demagogia, el abuso del poder, la manipulación y la mentira que campean en la actualidad en muchas de las sociedades que se autocalifican como democracias liberales, no son, de ninguna manera las formas que pondera el filósofo al que nos referimos.
Su defensa de la libertad individual en el marco del derecho y la justicia, es una propuesta poderosa. En la práctica, debemos luchar para defender las instituciones, proteger a los débiles y contribuir con la vigencia de la democracia. Ese es el desafío. (O)
Y, fueron los abusos y la imposición de una clase política que, en nombre de esos ideales, se aprovechó y sometió a todos los otros. Millones de personas fueron muertos en los regímenes soviéticos, chinos y en los de Europa del Este. La opresión dictatorial también se dio en Cuba y en otros países que intentaron implantar este modelo.
Por: Juan Morales Ordóñez
Especial para El Mercurio












