Continuaré escribiendo sobre lo tremenda que resulta la violencia contra niños y jóvenes, sobre todo en los centros educativos, pero también en el ámbito general de la vida, familiar, social, etc.
Es que ahora el desarrollo tecnológico, entre tantas cosas buenas que ofrece, también facilita el acceso a lo negativo y dañino. Se puede cometer cyberbulling con enorme facilidad y ocasionar tremendos daños a los niños, adolescentes y más personas en general pues nadie está libre de ser víctima del daño que se puede ocasionar con aquellos recursos. no es nuevo el problema de niños y jóvenes que por inseguridad o mala educación se dedican a fastidiar y acosar física y psicológicamente a compañeros en quienes perciben personalidades débiles que no tienen, por naturaleza, la fortaleza necesaria para poner en su sitio al abusador. Esto ha sido causa de muchísimo sufrimiento, abandono de estudios y hasta suicidio en los casos más graves.
La función de los profesores e inspectores no se reduce simplemente a sancionar a los alumnos que realizan el acoso sino, lo que es quizá más importante, dedicar el tiempo suficiente para instruir sobre lo negativo de tal práctica. Muchas veces en las casas no se les da esta información pues los padres de familia tampoco la tienen, entonces es obligación de los docentes suplir esta carencia y procurar que los alumnos, de todo nivel, tengan conciencia de lo dañino que es fastidiar y maltratar a los compañeros. Hay que comprender que los causantes del daño en muchos casos creen que es una actitud traviesa y no dañina.
Resulta indispensable que se establezca la política educativa de instruir a los profesores sobre estos asuntos. No puede quedar a la voluntad de aquellos dar o no dar información sobre lo negativa que puede ser la práctica del acoso o bullyng para la salud mental y el bienestar de muchos niños y jóvenes. (O)


