Romper el molde

La vida tiene una gran capacidad para empujarnos hacia la normalidad. Conforme crecemos, aprendemos a encajar, a no incomodar, a pensar parecido, a vestir parecido, a opinar parecido. Para pertenecer, abandonamos poco a poco los sueños de nuestro niño interior.

Y pertenecer importa. Mucho más de lo que nos gusta admitir, porque como seres eminentemente sociales, deseamos ser aceptados.

En los años cincuenta, Solomon Asch demostró hasta qué punto las personas podían llegar a ignorar algo evidente simplemente para no contradecir al grupo, porque el deseo de pertenecer muchas veces pesa más que la evidencia. Más o menos lo que miles de madres han expresado desde tiempos inmemoriales a través de la famosa pregunta: “¿Y si tu amigo se lanza de un puente, tú también?”. A lo que, por temor a la chancla voladora, respondemos que no.  

Muchas veces sacrificamos autenticidad, criterio o incluso sentido común con tal de no quedarnos fuera del grupo. Sin embargo, las vidas más interesantes rara vez siguen el manual al pie de la letra ni toman decisiones basadas únicamente en la aprobación ajena.

Y eso es más difícil de lo que parece, porque salirse de la norma cuesta, genera incomodidad, dudas y cierta soledad. Por eso tantas personas terminan viviendo vidas que no eligieron del todo. Carreras que no disfrutan, rutinas que no cuestionan, opiniones heredadas. Todo correcto. Todo aceptado. Todo alejado de nuestros sueños.

No se trata de romantizar la diferencia por la diferencia, ni de confundir autenticidad con necesidad crónica de llamar la atención. Pero sí vale la pena preguntarse si no es momento de salir un poco de la fila, romper el molde y de recuperar ese instinto explorador que aún se inclina hacia la curiosidad y la travesura. (O)

@ceciliaugalde

Dra. Cecilia Ugalde

Dra. Cecilia Ugalde

Comunicadora, doctora en Marketing. Docente e investigadora en la Universidad del Azuay. Ha hecho publicaciones en alfabetización mediática, redes sociales, marca y comportamiento del consumidor.