Costumbre perversa 

Existen grupos o sectores, políticos especialmente, que acostumbran acusar de sus altibajos o fracasos a quienes forman parte de su entorno. Para ellos, no existen errores propios, meteduras de pata desde el interior de la misma organización, actos reñidos con las leyes y la ética, solamente existen “odiadores”, enemigos gratuitos y perseguidores políticos. Lo mencionado se puede resumir en aquella frase de que “los triunfos tienen muchos padrinos, mientras que las derrotas son huérfanas”. 

La detención del alcalde de Esmeraldas, Vicko Villacis, hace pocos días es una muestra de lo aseverado. Se encuentra acusado de lavado de activos y las autoridades competentes le han puesto tras las rejas mientras transcurren las investigaciones. Sus patrocinadores políticos han puesto el grito en el cielo diciendo que la razón para su encarcelamiento es que, como Villacis iba a ser candidato a la reelección e iba a ganar las elecciones, sus rivales lo acusan “sin más motivo”, para excluirlo del evento electoral. Lo lógico y sano debería ser, en este y en otro cualquier caso parecido, que el acusado se defienda con los instrumentos que establece la ley para tal efecto, es decir, aclare ante la ciudadanía y los jueces las razones de su accionar, ¡y zan de acabó! Pues tampoco es un buen argumento, el utilizar la cercanía de las elecciones como un elemento de la defensa. Las infracciones o los delitos deben ser investigados y juzgados en los plazos y términos estipulados por las leyes, ni más ni menos. 

Y viene al caso lo del candidato presidencial colombiano Iván Cepeda, quién, creyéndose el ganador de la primera vuelta electoral, ha recibido su segundo puesto con mala cara y, por supuesto, echando la culpa a “tiros y troyanos”, entre ellos al presidente Noboa a quién lo ha acusado de “meter mano” en las elecciones del vecino país, mientras la cancillería colombiana ha calificado la posición del gobierno ecuatoriano como una “grotesca intervención” a favor del candidato De la Espriella. Una vez más la costumbre perversa y equivocada de culpar a los demás los resultados de sus propios errores. El verdadero líder político no disfraza sus desaciertos, más bien aprende de ellos. (O)

Dr. Juan Castanier

Dr. Juan Castanier