Huelgan los comentarios luego de que Diana Atamaint fuera cesada como presidenta del Consejo Nacional Electoral (CNE), tras casi ocho años de ejercerlo, y estando las elecciones seccionales a las puertas
Para unos, se trata de una movida de varios sectores políticos para retomar el control del organismo electoral.
Para otros, se debe al manejo arbitrario de las sesiones por parte de Atamaint, dirigido a titularizar vocales alternos en pos de conseguir mayoría para dilucidar temas delicados.
Los consejeros que durante años la apoyaron, finalmente se dieron cuenta que, en los últimos tiempos, su actuación acumulaba yerros, opacidad y hasta direccionalidad.
Quien la reemplaza es Segundo Cabrera, de quien se dice que llegó al CNE auspiciado por el Socialcristianismo, como el dado por Pachakutik a Atamaint del cual se alejó. Al final se habría inclinado al actual gobierno.
No es novedad que los consejeros tengan afinidad con sectores políticos, comprobable incluso cuanto toman decisiones inocultables y hasta sesgadas.
En los próximos días se verá cómo la nueva administración irá encajando a sus propósitos a las diferentes Delegaciones Provinciales del CNE, incluyendo el personal administrativo removible.
Empero, el problema de fondo del CNE sigue inalterable: su renovación tal como manda la ley.
Todos los consejeros están en funciones prorrogadas desde 2024. Igual ocurre en otras instituciones del Estado.
La renovación parcial sigue entrampada por años y años en el Consejo de Participación Ciudadana.
Ahora mismo, desde diciembre de 2025 no se ha movido un dedo para repetir el banco de preguntas para la fase de oposición entre los aspirantes.
En ese marco, resulta que Cabrera es presidente prorrogado. Reemplaza a la también prorrogada Diana Atamaint.
Queda por saber si él rescatará la confianza ciudadana en el CNE.












