Cristian Ordóñez y Cristian Cordero construyeron sus trayectorias en el fútbol cuencano desde las divisiones formativas hasta torneos y categorías de alto nivel.
Hoy, ambos observan con orgullo cómo sus hijos siguen sus pasos y forjan su propio camino dentro de las canchas.
En el Día del Padre, que se conmemora este 21 de junio de 2026, sus historias muestran cómo el deporte se convierte en una herramienta de formación familiar, donde la disciplina, el respeto y la constancia encuentran continuidad en nuevas generaciones.
Conocido como “El Tocho Ordóñez”, inició su relación con el fútbol desde la infancia. Integró la selección de la escuela Federico Proaño y, a los 10 años, ingresó a las formativas del Deportivo Cuenca bajo la dirección de César Bermeo.
Fue parte de una generación en la que coincidió con futbolistas como Cristian Cordero, Raúl Alvarado, Carlos Ordóñez y Diego Miller, además de participar en la Copa Nike.
Durante su etapa estudiantil en el colegio Benigno Malo obtuvo varios títulos en categorías infantiles e intermedias.
“El primer año que jugamos la categoría infantil quedamos campeones con el entrenador Paúl Vélez, mi primo”, recuerda.
Mundialito de los Pobres
Su nombre está ligado al Mundialito de los Pobres, torneo en el que disputó finales con varios barrios y conquistó tres campeonatos.

También sumó vicecampeonatos y terceros lugares con distintas escuadras. Su última participación fue en 2023.
Ordóñez reconoce la influencia de su padre, Rosendo “Don Chendo” Ordóñez, en su formación deportiva.
“Mi papá me enseñó el buen camino y el respeto dentro y fuera de la cancha”.
Esa enseñanza la transmite a sus hijas, cuya motivación nació al observar a su padre dentro de la cancha.
María Paz, de 13 años, ya se abrió camino en el fútbol femenino, con participación en academias, torneos escolares y convocatorias a la Sub 12 de la Conmebol y Federación Deportiva del Azuay. Este año se proclamó campeona de fútbol sala en su Unidad Educativa “Luisa de Jesús Cordero”.
María Emilia, de 8 años, también crece vinculada al deporte. Ambas han acompañado a su padre desde pequeñas en entrenamientos y partidos.
Para Ordóñez, el deporte es una vía para fortalecer valores y orientar a los jóvenes. “Siempre les digo que esto es de ganar y perder, pero que hay que dejar todo por el equipo”, afirma.
Ordóñez combina el deporte con su trabajo como inspector de obras del Municipio de Cuenca. Además, este año asumirá un nuevo reto para debutar como director técnico de la Y del Cebollar en el Mundialito de los Pobres.
Cristian “Corcho” Cordero
El vínculo entre padres e hijos a través del deporte también está presente en la historia de Cristian “Corcho” Cordero. “De niño jugaba en las canchas de Totoracocha con los amigos, en esa época cuando los papás tenían que salirnos a llamar para que ya entremos a la casa”, recuerda.
A los 12 años ingresó al Técni Club y luego pasó al Deportivo Cuenca, donde completó su formación hasta la Sub 20. Durante su etapa juvenil alcanzó dos campeonatos nacionales en las categorías Sub 18 y Sub 20.
Su salto al fútbol profesional llegó con el Deportivo Cuenca, donde formó parte del plantel que alcanzó el vicecampeonato nacional en 2009.
Copa Libertadores
Ese mismo año vivió uno de los momentos más recordados de su carrera al marcar un gol en Copa Libertadores frente a Guaraní de Paraguay, pocos segundos después de ingresar al campo, en un encuentro que terminó con goleada 4-0.
“Es una anécdota que me marcó para toda la vida”, relata. Su carrera continuó en Técnico Universitario, donde obtuvo el título de la Serie B, además de pasos por Liga de Loja, Mushuc Runa y El Nacional.
En 2019 una lesión de rodillas lo obligó a retirarse a los 30 años. Lejos de alejarse del fútbol, fundó la “Academia Corcho Cordero”, donde entrena a niños y niñas de entre 5 y 15 años. Además, se prepara como director técnico en la escuela Maradona Menotti.
“El deporte es un buen camino. Les ayuda a los jóvenes a ser responsables y disfrutar de manera sana”, asegura.
Su hijo Nicolás, de 14 años, sigue su ejemplo y ya forma parte de la Sub 15 de Cuenca Juniors. “Comencé a jugar fútbol desde los 9 años dirigido por mi padre, quien me inculcó la pasión por este deporte. Mi papá es una motivación para mejorar cada día”, expresa.
Su hija Isabela, de 11 años, también está vinculada al deporte y destaca el acompañamiento de su padre dentro y fuera del campo. “Recuerdo ver sus partidos con mucha expectativa y emoción”.
La experiencia de entrenar bajo la dirección de su padre ha fortalecido ese vínculo. “Ser padre y entrenador es un reto. Les digo a mis hijos que disfruten el proceso, los resultados no dependen solo de ellos, pero la formación sí”, dice.
En este Día del Padre, las historias de Ordóñez y Cordero evidencian cómo el ejemplo se convierte en enseñanza duradera porque “los hijos aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice”. (PNH)-(I)
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