Hay quienes aseguran que, cuando la niebla baja sobre el río Tomebamba, una luz tenue todavía acompaña el recorrido de la Viuda del Farol.
Otros recuerdan al Cura sin Cabeza o a la calavera de Pietri, el italiano que aparece junto al puente de El Vado.
Son historias que permanecen en la memoria colectiva. Esa herencia cultural también se expresa en los oficios y saberes del barrio, una tradición que hoy enfrenta el desafío del relevo generacional.
Esa doble reflexión atraviesa las exposiciones “Cuenca Oculta: Leyendas y Relatos Visuales del Imaginario Popular – El Vado” y “31 voces del Vado: Memoria, arte e identidad”.
Estarán abiertas al público hasta el 15 de julio en la Casa de los Arcos. La entrada es libre.
Ambas propuestas surgen de procesos de investigación desarrollados por la Universidad de Cuenca y articulan memoria, patrimonio, arte y comunidad.
“Cuenca Oculta” recupera historias como el Cura sin Cabeza, los Gagones, la Viuda del Farol, María la Guagua y Pietri y el Río, recopiladas a través de entrevistas etnográficas.
A partir de esos relatos, estudiantes de la Universidad de Cuenca desarrollaron cómics e ilustraciones con apoyo técnico de inteligencia artificial.
Santiago Ordóñez, investigador y docente de la Universidad de Cuenca, explica que la etnografía permite comprender la memoria de las comunidades desde la experiencia de quienes las habitan.
“A través de la observación, la escucha y el diálogo emergen historias de vida, transformaciones urbanas, prácticas culturales y vínculos afectivos que forman parte del patrimonio inmaterial del barrio”, señala.
5 leyendas
Estas leyendas se presentan en la exposición, aunque circulan distintas versiones en la tradición oral.

El Cura sin cabeza
Versión 1
Narran los habitantes de El Vado, que un sacerdote mantenía en secreto una relación amorosa. Para visitar a su amada salía por las noches con la cabeza cubierta para evitar ser reconocido.
Los jóvenes del barrio, movidos por la curiosidad, intentaron descubrir su identidad. Una noche lograron hacerlo caer y, al verlo, comprobaron que se trataba del cura del pueblo. El hecho provocó un gran escándalo entre los habitantes de la comunidad.
Versión 2
En la Cuenca colonial, entre plazas y calles envueltas en niebla, circulan susurros sobre el padre Lorenzo, un sacerdote cuya vida ocultaba un pasado desconocido.
Con el tiempo, aparece la figura del llamado Cura sin Cabeza, asociada a relatos nocturnos que irrumpen en el imaginario del barrio.
La ciudad, entre rumores y temores, incorpora esta presencia a su memoria colectiva, en torno a la imagen de un alma que vaga tras una historia marcada por la culpa y el silencio.
Los Gagones
La leyenda de los Gagones se remonta a una época en que las viviendas cuencanas tenían una tranca en sus entradas.
Según la tradición, cuando en una casa existía una relación considerada inapropiada por las normas de la época, como la de un compadre con una comadre o entre familiares cercanos, dos pequeños perros blancos aparecían frente a la vivienda.
Se decía que los animales lloraban como si denunciaran el pecado de quienes habitaban el lugar. Para ahuyentarlos, las personas debían colocar café molido sobre sus cabezas.
Después de ese acto, los perros desaparecían y no volvían a manifestarse. La tradición oral identifica a los Gagones como una leyenda exclusiva de Cuenca.
La Viuda del Farol
La leyenda cuenta que una mujer, admirada por su belleza, quedó marcada por una tragedia. Tras la pérdida de su hijo en las aguas del Tomebamba, comenzó a vagar por las orillas del río llevando un farol que iluminaba su camino.
Desde entonces, algunas personas afirman haber visto una luz tenue avanzar entre la niebla y las sombras de la noche. La figura de la mujer aparece ligada al dolor y a la búsqueda eterna de su hijo.
Pietri y el río
La tradición popular sostiene que quienes atraviesan el puente de El Vado durante la noche pueden encontrarse con el alma en pena del arquitecto italiano Martín Pietri, a quien se atribuye la construcción de la obra.
Según el relato, Pietri debió regresar a Italia tras enterarse de la muerte de su padre mientras el puente aún estaba en proceso y nunca recibió el pago acordado por su trabajo. Desde entonces, su espíritu recorre el puente recordando aquella deuda pendiente.
Con el paso del tiempo, la leyenda transformó esa presencia en la imagen de una calavera que desciende hacia el Tomebamba durante las noches de luna llena.
María la guagua
Versión 1
La historia de María la Guagua narra que una mujer recorría las calles de la ciudad llevando en brazos el cuerpo de su hijo envuelto en una manta, convirtiéndose en una de las figuras del imaginario popular.
Versión 2
María la Guagua recorría las calles llevando en brazos una muñeca envuelta en una vieja chalina. Los habitantes del sector se acostumbraron a verla pasar y, en algunas ocasiones, le ofrecían pan como gesto de solidaridad.
1 voces del Vado
La otra cara de la exposición aparece en “31 voces del Vado: Memoria, arte e identidad”, una investigación construida mediante la metodología de fotovoz.
A través de imágenes y testimonios, la muestra retrata la situación socioeconómica de los artesanos del sector y plantea interrogantes sobre el futuro de los saberes tradicionales.
Según los resultados del estudio, el 70 % de los artesanos tiene entre 50 y 60 años. Muchos afirman que no tienen a quién transmitir sus conocimientos, situación que pone en riesgo la continuidad de prácticas vinculadas al patrimonio cultural inmaterial del barrio.
Sofía Cardoso, gestora cultural del proyecto Casas Vivas, señala que la investigación evidencia una pérdida progresiva del relevo generacional.
“El Vado tiene, según el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural, un índice de patrimonio cultural inmaterial (PCI) de 256, es decir, uno de los más altos de Cuenca. Es por esto que la Universidad a través de sus investigaciones busca abrir una discusión sobre las condiciones que enfrentan los artesanos y el futuro de esos conocimientos”, indica. (PNH)-(I)
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