No se trata de un ojo físico, y menos aún de uno que crece en la frente. El tercer ojo tiene un concepto místico y espiritual que se refiere a la intuición, a la percepción extrasensorial y a la sabiduría interior; se relaciona con la capacidad de mirar hacia adentro. Todas las culturas del mundo se han referido a este concepto, y todas ellas destacan la sabiduría interior y la capacidad de poder percibir más allá de nuestros sentidos. El tercer ojo, ubicado simbólicamente en el centro de la frente o en la coronilla de la cabeza, se relaciona con el Chakra Ajna y puede entenderse metafóricamente como la capacidad para reflexionar. En este mundo lleno de distracciones, de discotecas y de bares, la reflexión ayuda a comprender mejor quiénes somos. Permite entender las verdades más profundas y separar la lógica de las apariencias y el conocimiento vulgar. El tercer ojo ha sido reconocido en múltiples culturas con distintos nombres. Los egipcios lo conocen como el ojo de Horus, que es el ojo que todo lo ve; en el Islam, es el ojo del corazón. En el budismo nāhayana y vajrayana, se lo asocia con el ojo celestial como una facultad de percepción espiritual. El tercer ojo celestial es llamado “poder superior”, el que no existe para el conocimiento común. Ayuda a fortalecer la capacidad del tercer ojo la meditación, la contemplación, la concentración y la calma mental. El tercer ojo contribuye a encontrar de manera clara la realidad de cada persona y recuerda que no todo se percibe con la vista, sino que algunas verdades se descubren mirando hacia adentro. Por esto, algunos esoteristas, pensadores, místicos y filósofos han destacado la capacidad de poder viajar hacia lo interior. (O)





