Terremoto en Venezuela: «Perdí a nueve familiares», relata Javier Gil desde Cuenca

Javier Gil observa en su teléfono imágenes de los daños provocados por los terremotos del 24 de junio de 2026, en el estado venezolano de La Guaira, donde perdió nueve familiares. XCA

«Estaba en videollamada con mi hermana Grecia, cuando me dijo ‘está temblando'», relata Javier Gil, venezolano originario de Mérida y residente en Cuenca, a donde llegó con su familia hace 10 años.

Los terremotos registrados el 24 de junio de 2026 en el estado de La Guaira se sintieron en distintas zonas del país. Grecia había viajado a su tierra natal para tramitar unos documentos para el pasaporte.

El desastre deja al menos 1.719 muertos y más de 5.000 heridos; mientras Naciones Unidas calcula que hay unos 50.000 desaparecidos.

Poco después de colgar la llamada, al recibir las primeras noticias e imágenes de La Guaira —el estado de donde es oriunda su madre, Selenia, y el área del epicentro—, Javier comenzó a dimensionar la magnitud de la tragedia.

La diáspora venezolana en Cuenca se llenó de mensajes de angustia y preguntas. “Pensamos que era un temblor más, como los que a veces ocurren aquí en Cuenca”, recuerda.

Sin embargo, como Javier, cerca de ocho millones de venezolanos siguieron desde el exterior la destrucción provocada por los terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5, los cuales golpearon La Guaira, además de distintas áreas del norte del país y la ciudad de Caracas.

“Hay edificios de 12 ,14 y hasta 16 pisos que están en el suelo. En otras edificaciones se han caído las paredes del frente. Parece que hubiera habido una guerra”, relata con dolor.

La incertidumbre desde la distancia

Muchos venezolanos siguieron durante horas las imágenes que llegaban desde su país de origen. Amigos y conocidos intentaban contactar con sus seres queridos para asegurarse de que estaban a salvo.

Para algunos, la incertidumbre dio paso a noticias más devastadoras: familiares fallecidos y otros desaparecidos.

Javier perdió a nueve familiares, todos primos jóvenes de entre 22 y 35 años. Cuatro de ellos, miembros de una misma familia que vivía en la planta baja de un edificio de seis pisos en La Guaira, donde fueron encontrados sin vida bajo los escombros.

Los cuerpos no han sido devueltos a las familias. «Les han dicho que no se los van a entregar, se hará una fosa común. Nos han enviado videos donde están amontonados los cadáveres en un galpón”, lamenta.

Entre fallecidos y damnificados, Javier suma 26 personas afectadas en su entorno cercano. Su hermana Grecia no ha podido regresar a Cuenca, donde dejó a sus tres hijas de entre 9 y 14 años.

Para muchos venezolanos, esta tragedia en el estado La Guaira (que hasta 2019 se llamó Vargas) evoca el recuerdo del denominado deslave de Vargas de 1999. Los habitantes se enfrentan nuevamente a la pérdida y la reconstrucción.

En aquella inundación, los informes gubernamentales fijaron el número de muertos en 3.000, mientras que otros reportes situaron la cifra entre 10.000 y 30.000.

Angustia

Otros, como Yohan Bracho de 28 años, contemplan con impotencia cómo el país que abandonaron en busca de una mejor vida debido a la situación económica, y al que tanto añoran, vuelve a sufrir una catástrofe.

Yohan, radicado en Cuenca hace más de cinco años, recibió la noticia de los terremotos mientras trabajaba. Al principio creyó que se trataba de un sismo leve.

«Llamé a mi familia para preguntar cómo estaban, qué estaba pasando. Fue un momento angustioso”, recuerda.

Dos primos de Yohan y tres familiares lejanos están desaparecidos, además otros dos fallecieron.

«Cuando nos preguntan cómo está tu familia, nos invade el corazón, porque nuestra familia es cada uno de los venezolanos», dice.

Para Yohan esto sucede en un país cuyas instituciones y servicios públicos están en crisis con hospitales con recursos limitados e infraestructuras vulnerables en un territorio situado en una zona de alta actividad tectónica.

El Estado, ahora tutelado por el gobierno de Estados Unidos, ha sido objeto de críticas.

Solidaridad

La diáspora se ha movilizado desde el instante que conocieron de la tragedia. Javier, propietario del restaurante “Full Criollo: sabor venezolano”, convirtió su emprendimiento en punto de recolección de ayuda humanitaria.

«Nos preocupa que el Gobierno en la posición en la que está no deje entrar la ayuda humanitaria, hemos recolectado muchas vituallas solamente aquí en Cuenca y que no la dejan entrar a Venezuela, sería preocupante cuando las personas están necesitadas”, dice Javier.

Desde que ocurrió el doble sismo se han registrado 609 réplicas. La más fuerte ocurrió este lunes 29 de junio de 2026, de magnitud 4.2. Aunque provocó nerviosismo en la población, se descartó que afectaciones.

12 toneladas de ayuda humanitaria  

La ayuda comenzó a llegar desde distintos puntos del país. Priscila Rodríguez, oriunda de Venezuela y responsable del centro de acopio de Cuenca, reporta entre 10 y 12 toneladas recolectadas, con aportes que han llegado desde Biblián, Azogues, Zamora y zonas cercanas a Loja.

En la recolección han participado sociedad civil, organizaciones y fundaciones.

“Se prevé que primero se envíe el agua potable, pañales, artículos de higiene y aseo personal y colchonetas”, mencionó.

Las vituallas fueron clasificadas y embaladas en el Edificio Portal del Sol, con apoyo de voluntarios.

El envío se coordina con la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, que activó el centro de acopio en el Campus Yanuncay de la Universidad de Cuenca, en la Avenida 12 de Octubre.

Froilán Salinas, coordinador zonal 6 de la Secretaría, indicó que se han habilitado centros de acopio en ocho provincias del país que atienden desde las 08:00 hasta las 18:00.

Los puntos habilitados son:

  • Azuay: Universidad de Cuenca.
  • Manabí: Universidad Técnica de Manabí, en Portoviejo.
  • Guayas: Universidad de Guayaquil.
  • El Oro: Universidad Técnica de Machala.
  • Santa Elena: Universidad Estatal Península de Santa Elena.
  • Pichincha: Universidad Andina Simón Bolívar y campus Sangolquí de la ESPE.
  • Chimborazo: Escuela Superior Politécnica de Chimborazo.
  • Región Amazónica: Coordinación Zonal de la SNGR, en Puyo.

Qué se puede donar para Venezuela

Salinas precisó que se reciben jabones en barra, toallas sanitarias, pañales, utensilios de cocina reutilizables, colchonetas, sábanas, frazadas y alimentos no perecederos con caducidad mayor a seis meses.

No se recibe ropa, alimentos perecederos, ni medicamentos.

«Respondamos como lo hizo el pueblo venezolano con el Ecuador», dijo Salinas, en referencia a la ayuda que Venezuela envió tras el terremoto de Manabí en 2016.

“Los insumos serán trasladados a hubs logísticos, ya sea desde el aeropuerto de Latacunga o desde Guayaquil. Estamos coordinando lo necesario para enviar lo requerido por el Gobierno de Venezuela y que llegue a su destino”, explicó.

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Patricia Naula Herembás

Patricia Naula Herembás

Licenciada en Comunicación Social con experiencia en medios tradicionales y digitales. Hace coberturas y redacción de temáticas de emprendimiento, empresarial, sociedad e interculturalidad.