¿Colaboración o sumisión?

La reunión del lunes pasado entre la alcaldesa subrogante Marisol Peñaloza y los asambleístas de Azuay fue celebrada en buena parte de la conversación digital como un gesto de apertura y madurez política. Si bien la idea de establecer un diálogo y poner fin al discurso de confrontación es tranquilizadora y positiva, su efecto camina sobre una delgada línea. Para sectores que han defendido con ahinco la autonomía cuencana —desde la resistencia a ciertos proyectos extractivos hasta la exigencia de seguridad real—, este acercamiento es percibido como una posible sumisión ante el centralismo. Es el signo de tiempos distintos, sí, pero también de una fragilidad donde la colaboración puede confundirse rápidamente con traición a las luchas históricas que han hecho de Cuenca un referente de identidad y resistencia.

En la práctica, los acuerdos anunciados —reactivación de la UVC Yanuncay (paralizada por más de dos años), mayor presencia policial y revisión de convenios de salud— revelan problemas que el Gobierno Nacional y sus asambleístas pudieron atender mucho antes. Que ahora ofrezcan fiscalización después de meses de tensión política con la anterior gestión sugiere que las rencillas, más que la urgencia ciudadana, dictaron el timing. Esta lectura no ha pasado desapercibida entre los críticos y es una evidencia del riesgo que corre Peñaloza: ser percibida como la alcaldesa que abre las puertas al diálogo, pero a costa de ceder terreno que Cuenca defendió durante años frente al centralismo.

La actual alcaldesa subrogante debe moverse con extrema cautela. No puede convertir esta “nueva colaboración” en una rendición disfrazada de pragmatismo. Necesita blindar los acuerdos con plazos concretos, rendición pública de cuentas y mecanismos de seguimiento ciudadano, para que no queden en promesas de foto. Debe evitar que la defensa de fuentes hídricas o la seguridad se diluyan en negociaciones opacas donde el Gobierno Nacional termine imponiendo condiciones. En definitiva, Peñaloza camina entre dos fuegos: ganarse la imagen de gestora dialogante que las redes premian hoy, o traicionar el espíritu autonómico y crítico que ha caracterizado a Cuenca. La diferencia entre colaboración sana y sumisión política se medirá en resultados tangibles, no en reuniones. El reloj de sus seis meses ya corre. (O)

@avilanieto

Dra. Caroline Ávila

Dra. Caroline Ávila

Académica. Doctora en Comunicación. Especialista en Comunicación Estratégica y Política con énfasis en Comunicación gubernamental. Analista académica, política y comunicacional a nivel nacional e internacional.