Zenón, Cleantes y los primeros alumnos estoicos en la antigua Grecia pregonaban que el trabajo en equipo y la amistad reinaban por sobre todas las cosas. El biógrafo de esta escuela filosófica Ryan Holiday enunciaba: la virtud es el camino para alcanzar la felicidad, y gracias a ella la vida es mucho mejor.
No existen conglomerados o grupos, que puedan funcionar sin desacuerdos, ni opiniones dispares. Pero hay seguidores aferrados a falsos lideres que cometen errores por estar sometidos al abuso del poder y la prepotencia.
En este ensayo de vivir, aterrizamos en la larga pista de las decisiones, y somos los dueños de sus consecuencias. Nuestra razón existencial es la estrategia para avanzar con las acciones cotidianas, y siempre deberían estar en consonancia con lo que decimos u ofrecemos, pero siempre alineadas con la ley.
Sirva este pequeño ejercicio, para arribar al tema central que nos proponemos en este artículo de opinión.
Para participar en las elecciones, algunos vividores de la política alquilaron partidos o movimientos desprestigiados; para cumplir con la ley tuvieron el cinismo de promover elecciones primarias (un mamotreto más del Código de la Democracia), haciendo creer que se respetaba la voluntad de los afiliados o adherentes, cuando ya se sabía de los amarres mucho antes de la convocatoria. La virtud de buscar la gobernanza racional y ética para recomponer a un país agobiado por tantos trastornos jurídicos de quienes recibieron el favor popular, en este tipo de actores políticos, simplemente no existe. Genera desencanto en los ciudadanos el ver una cascada de denuncias y descubrimientos de fortunas mal habidas de funcionarios de los GAD’s municipales o provinciales. Inclusive, algunos, pretenden reelegirse.
Varios están con medidas cautelares como la prisión preventiva. El ministro Reinberg sentenció: “existe una la larga lista de alcaldes y prefectos investigados por corrupción” concluyendo: “los que tienen rabo de paja están aterrados de que les tumben la puerta en la madrugada”
Sobre estas declaraciones hay criterios de toda índole. Una gran mayoría de ecuatorianos van despertando al ver juntarse en los gobiernos seccionales al jefe y sus adláteres, no para gozar de la amistad y el trabajo en equipo sanos tal como pregonaba Zenón, sino para conspirar y crear toda una infraestructura para delinquir. Algunos ciudadanos perciben las acciones de la justicia como persecución política, esquivando mirar los hechos tangibles.
Sócrates y su alumno Platón argumentaban: “cualquier obra, por más majestuosa o técnicamente impresionante que sea, carece de verdadero valor si se construye sin virtud, justicia o un propósito ético”. Para ellos, la concepción de la intención y la integridad moral de quienes crean y ejecutan, deben ser siempre superiores a la construcción física misma.
Por eso el pasado no debe olvidarse. Nadie puede borrar con discursos las gestiones cuestionadas de los antecesores, ni se diga cuando vienen del mismo cordón umbilical. Por ventaja en todas las ciudades se sabe quiénes son, y hacia dónde van. (O)





