Bueno, ahora ser alcalde o prefecto puede ser un deporte de alto riesgo. Sí, inclusive puede haber el caso de que lo manden a conocer al Creador, como le pasó al finado alcalde de Manta, Agustín Intriago. Nuevamente, los medios de comunicación nos dejaron postales, esta vez, del alcalde de Machala tirado en el suelo, en medio de un operativo policial.
De acuerdo con las fuentes del Gobierno, el alcalde fue detenido junto a su esposa y una amiguita cercana del político. Es que la cosa es preocupante. Los datos financieros arrojan un incremento patrimonial de seis millones de dólares. Por ello, se abrió un proceso de investigación por presunto enriquecimiento ilícito.
Además, hay datos que nos hacen pensar seriamente en manos de quién ponemos las ciudades. Se investiga que el alcalde habría constituido ciertas empresas que eran proveedoras del mismo municipio. ¡Una locura! Es decir, recibía un salario como alcalde de Machala y, adicionalmente, un cheque por ser proveedor del municipio que regentaba. El colmo de la sinvergüencería, de ser cierto.
Honestamente, creo que en lugar de elegir servidores públicos terminamos dando el poder a unos verdaderos tiburones del emprendimiento, pero de lo público. Es decir, que sus negocios apuntan netamente a convertirse en proveedores de todos los niveles del Estado. No digo que esté mal. Todos tienen ese derecho. Pero, si fue elegido por votación popular, deje ese negocio para otro momento.
Es que no fue uno, ni fueron dos, ni fueron tres. La lista continúa. Ya son varios líderes locales que terminan tras las rejas por estar involucrados en negocios no tan transparentes, que han permitido que sus patrimonios crezcan de forma exponencial de la noche a la mañana, sin justificación alguna. Por el bien de la sociedad, necesitamos que todo esto se esclarezca y que los culpables paguen por meter las manos en plata ajena. (O)




