Cada vez que un terremoto sacude la región, como ocurrió recientemente en Venezuela, México o Perú, surge la pregunta ¿Qué pasaría en Cuenca?
Durante los últimos años, la Universidad de Cuenca ha desarrollado investigaciones que analizan la historia sísmica del Austro, el comportamiento del suelo y la respuesta de las edificaciones del Centro Histórico ante distintos escenarios que permiten construir una radiografía del riesgo sísmico.
Juan Carlos Jiménez, docente investigador de la Facultad de Ingeniería y coordinador de investigación de la Red Sísmica del Austro, explica que el impacto de un terremoto no depende solo de su magnitud.
«También influyen el lugar donde ocurre, la profundidad, el tipo de suelo sobre el que está construida la ciudad y las características de las edificaciones».
¿Cuáles fueron los terremotos más destructivos registrados en Cuenca?
Uno de los estudios reconstruyó los terremotos del 29 de junio de 1887 y del 5 de septiembre de 1893 mediante archivos históricos, documentos oficiales y registros eclesiásticos.
Ambos eventos son considerados entre los más relevantes de la historia sísmica del sur del Ecuador por los daños registrados en Cuenca, Girón y otras zonas.
El terremoto de 1887 correspondió a una secuencia de cuatro movimientos sísmicos.
El principal, registrado cerca de las 07:00, provocó daños en edificaciones de la ciudad, especialmente en construcciones de adobe y estructuras coloniales. Su intensidad ha sido estimada entre VII y VIII en la escala de Mercalli.
El hallazgo más importante fue que el terremoto de 1893, que durante décadas se catalogó con intensidad VII, habría alcanzado una intensidad IX en las zonas más afectadas, por lo que la amenaza sísmica del Austro era mayor de lo que se pensaba.
Jiménez aclara que los terremotos no pueden predecirse.
«Las fallas acumulan energía durante décadas o siglos. Cuando esa energía supera la resistencia de las rocas ocurre la ruptura y se produce el terremoto. Después el proceso vuelve a empezar. No es un reloj exacto, pero los modelos probabilísticos permiten calcular los escenarios que deben considerarse al momento de diseñar infraestructura».
¿Cómo influye el suelo de Cuenca en un terremoto?
La respuesta depende del suelo. Para entenderlo, la Universidad de Cuenca actualizó el mapa de microzonificación sísmica de la ciudad, que no se renovaba desde 2002.
El estudio incluyó 530 mediciones de vibración ambiental y 85 ensayos geofísicos.
Los resultados muestran que debajo de la ciudad existen depósitos aluviales, sedimentos, arcillas y materiales volcánicos con propiedades distintas. Esa diversidad hace que un mismo terremoto pueda sentirse de manera diferente según el sector.
El estudio clasificó los terrenos conforme a la Norma Ecuatoriana de la Construcción.
Determinó que:
- El 42,6 % del área analizada corresponde a suelos tipo C, de rigidez intermedia
- El 57,4 % pertenece a suelos tipo D, menos rígidos y con mayor capacidad para amplificar las vibraciones sísmicas
Esto no significa que una zona sea segura y otra peligrosa.
«Hay lugares donde el diseño sísmico convencional puede resultar insuficiente y requieren soluciones más avanzadas, pero primero hay que conocer el comportamiento del suelo», señala Jiménez.

¿Cómo responderán las edificaciones ante un sismo?
En un siguiente paso los investigadores se concentraron en las construcciones de mampostería de ladrillo, uno de los sistemas predominantes en Cuenca.
La mampostería corresponde a paredes de ladrillo unidas con mortero que, en muchas viviendas, soportan parte del peso de la estructura. En el Centro Histórico predominan edificaciones de mampostería no reforzada, es decir, con pocos elementos estructurales de hormigón destinados a mejorar su resistencia durante un sismo.
Aunque este sistema difiere de la mampostería confinada —que incorpora columnas y vigas de hormigón—, ambos utilizan paredes de ladrillo como elemento principal.
Cerca del 48 % de las viviendas del área urbana de Cuenca fueron construidas con mampostería confinada, lo que evidencia la importancia de conocer el comportamiento de este tipo de construcciones.
Características
Para el estudio, el equipo ingresó a edificios patrimoniales, levantó información sobre la distribución de los espacios, el espesor de los muros y las características de los materiales, y elaboró modelos matemáticos de 54 edificaciones de dos y tres pisos, características del Centro Histórico.
Con programas especializados utilizados internacionalmente simularon distintos escenarios sísmicos para determinar cuánta fuerza soportan estas construcciones, cuáles son sus puntos más vulnerables y cómo evoluciona el daño a medida que aumenta el movimiento del suelo.
En una investigación complementaria, los especialistas analizaron dos viviendas construidas entre 1975 y 1990 para evaluar qué modificaciones mejoran su comportamiento sísmico.
Estas edificaciones corresponden a una primera generación de mampostería confinada identificada en sectores de la periferia inmediata como Totoracocha y Bellavista.
Compararon distintos escenarios: mejorar la calidad de la mampostería, aplicar los requisitos de la Norma Ecuatoriana de la Construcción (NEC) e incorporar bandas de hormigón armado alrededor de puertas y ventanas, una técnica utilizada en países como México, India y Nepal.
Las simulaciones mostraron que:
- Aumentar únicamente la resistencia del hormigón produjo mejoras cercanas al 5 %.
- En cambio, reforzar el comportamiento integral de la estructura, mediante pisos más rígidos y elementos de confinamiento, permitió incrementos de capacidad sísmica de entre 25 % y 30 %.
La investigación concluye que la resistencia de una vivienda no depende únicamente de un material, sino de la forma en que todos sus elementos trabajan en conjunto.
¿Qué implican los estudios sísmicos para las normas de construcción?
Los investigadores consideran que estos resultados aportan información para actualizar la Norma Ecuatoriana de la Construcción y orientar la planificación urbana.
Los estudios también interrogantes sobre las normas de construcción.
Adrián Rodríguez, presidente de la Cámara Inmobiliaria Ecuatoriana (CAINEC), advierte que parte del problema radica en la informalidad presente en algunos procesos constructivos.
Señala que existen proyectos que no cuentan con supervisión estructural permanente y donde se omiten controles técnicos.
«La gente invierte el patrimonio de toda una vida en una vivienda. Ahorrarse una supervisión profesional puede terminar comprometiendo esa inversión», señala.
Las investigaciones no concluyen que Cuenca enfrentará un terremoto inminente ni que las edificaciones patrimoniales vayan a colapsar.
Lo que muestran es que la ciudad dispone hoy de información más precisa sobre tres aspectos fundamentales: la amenaza sísmica del Austro, el comportamiento de los suelos y la respuesta de las edificaciones.
Esa información constituye una base para actualizar normas, planificar el crecimiento urbano y reducir futuras pérdidas humanas, patrimoniales y económicas.
La siguiente etapa corresponde a la planificación urbana, la actualización normativa y las decisiones de intervención que permitan utilizar ese conocimiento para reducir futuras pérdidas humanas, patrimoniales y económicas. (PNH)-(I)
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