A sus 89 años, Ángela Lavanda no ha vivido nada parecido a los incendios en el centro de España, que la obligaron a abandonar Robledo de Chavela para refugiarse en un centro deportivo a las afueras de Madrid, a 40 kilómetros de su hogar.
«Ha habido incendios, pero más leves», cuenta a la AFP este lunes 27 de julio de 2026, tras haber pasado tres noches durmiendo en el polideportivo de Las Rozas, sin saber cuándo va a poder regresar a su casa, que, «de momento», está a salvo del fuego.
El tiempo parece pasar más lentamente para las 300 personas que, desde el viernes, esperan volver a sus hogares en un lugar habitualmente dedicado a eventos deportivos y obras de teatro, pero ahora convertido en alojamiento temporal para los evacuados.
Los numerosos voluntarios con sus chalecos de diferentes colores tratan de aliviar la espera con actividades para todas las edades, como manualidades, cine, gimnasia o juegos de mesa.
A veces, simplemente, hablan con ellos, como hace María Boluda, psicóloga de Las Rozas, que no dudó en acercarse al polideportivo cuando se enteró de la situación.
«Los he visto más tranquilos», indica, respecto al día en que llegaron, pese a la falta de información sobre el estado concreto de sus viviendas.
«No sabemos en qué momento vamos a llegar a casa, si se va a quemar (…) No sabemos nada», dice David Leiva, un portero de 32 años, residente de Robledo de Chavela alojado ahora en Las Rozas junto a su familia.
Con su bebé en brazos, Leiva también se muestra preocupado por los animales que se vio obligado a dejar atrás.
«No sabemos cómo los vamos a encontrar, porque no podemos ir a darles agua ni darles comida ni nada«, explica sobre un proceso que califica como «algo caótico».
– «Fuego a los dos costados» –
Hasta el momento, la protectora municipal de Las Rozas, Abrazo Animal, ha atendido a más de 50 animales que han llegado con los desalojados. Muchos de ellos, perros y gatos, se encuentran junto a sus dueños en el polideportivo.
«Los animales tienen un sexto sentido», cree Eva Largo, de la Fundación Trébol, quien ha estado apoyando a las familias con mascotas desde su llegada al centro. Uno de los casos que cuenta, con final feliz, es el de Chanel Nº 5, una perrita de la que se desconocía la procedencia.
Hasta que encontraron a su dueña, Sophie Pulido, profesora también desalojada durante los incendios, Largo se ocupó de ella. «Nos alegró mucho», indica sobre el reencuentro entre Chanel Nº 5 y su familia.
Sobre su estancia en el albergue, confiesa que comienza a notar el «cansancio» tras cuatro jornadas allí, después de abandonar Pelayos de la Presa atravesando una carretera en la que se veía «fuego a los dos costados».
Mientras, este lunes algunos desalojados volvieron a sus trabajos, como si se tratara de un día normal, pese a que no podrán regresar a sus hogares una vez finalizada la jornada. A escasos kilómetros de su alojamiento temporal, los bomberos siguen tratando de apagar las llamas que ya han arrasado decenas de miles de hectáreas en el país. AFP












