Desde cuando la tasa de recolección de basura ya no se cobra en la planilla de luz –por disposición del gobierno– la empresa municipal EMAC atraviesa dificultades económicas para llevar adelante sus planes y programas. Esta situación ha develado las precarias condiciones laborales de más de noventa personas –hormiguitas chúas – sin recibir sus salarios, sin aportes al IESS, sometidas a la terciarización y privadas de estabilidad laboral. No se trata únicamente de exigir el pago de lo adeudado y el reconocimiento de los derechos de las hormiguitas chúas, con todos los beneficios de ley. Se trata de valorar el inmenso aporte social de un trabajo que garantiza, de manera inmediata, la salud y la calidad de vida de quienes habitamos en Cuenca y sus parroquias. La injusticia que enfrentan también ha puesto en evidencia nuestra escasa responsabilidad ciudadana en la gestión de residuos. El orgullo por tener una ciudad limpia la debemos al trabajo de las hormiguitas y de los recicladores de base –recuperan el 10 % de los desechos sólidos de la ciudad–, más no por la acción ciudadana a la hora de gestionar nuestros residuos y cuidar el espacio público. Es clara que la ausencia de las hormiguitas en calles, avenidas, parques y riberas de los ríos ha multiplicado la basura. Esto interpela nuestra conciencia y corresponsabilidad ciudadana; por ello, reconocer y valorar el trabajo de las hormiguitas es también reconocer que nuestra salud y dignidad dependen de ellas y de nuestra acción colectiva. (O)





