A partir de un panel de quince años de bancos privados ecuatorianos, he investigado que la apertura y el entorno macrosocial moldean conjuntamente la eficiencia bancaria en una economía dolarizada. La apertura financiera y comercial se asocian con una intermediación más eficiente, la eficiencia es altamente persistente y procíclica, y la pobreza actúa como un freno. El papel positivo de la apertura financiera es robusto a un control de ciclo, mientras que su signo bajo una medida de eficiencia basada en rentabilidad es el opuesto, lo que subraya que el concepto de eficiencia debe declararse de forma explícita.
Esta investigación examina cómo la apertura comercial y financiera moldean la eficiencia operativa de los bancos que operan bajo dolarización plena, un contexto en el que el banco central carece de una palanca monetaria autónoma y la intermediación absorbe los choques externos de manera directa. Tres resultados sobresalen. Primero, la apertura financiera se asocia de forma positiva y robusta con la eficiencia de intermediación, y sobrevive a la inclusión de un control de ciclo económico. Segundo, la apertura comercial también eleva la eficiencia, sobre todo con innovación. Tercero, la pobreza por ingresos ejerce un efecto negativo, lo que indica que una demanda débil de los hogares restringe la intermediación. En conclusión, la apertura financiera y comercial contribuye a mejorar la eficiencia de la intermediación bancaria en Ecuador. Sin embargo, este efecto depende del indicador de eficiencia empleado y del entorno económico y social, pues el crecimiento favorece el desempeño bancario, mientras que la pobreza limita su capacidad de intermediación. Por ello, las políticas de apertura deben complementarse con medidas que impulsen el crecimiento y reduzcan las desigualdades. (O)




