Tras el debate suscitado por un artículo anterior, “Aclarando Conceptos”, en que dije, de paso, que hay incompatibilidad entre el análisis marxista de la realidad y el pensamiento cristiano, se hace necesario precisar la postura oficial de la Iglesia Católica. EL PUNTO CENTRAL NO ES NEGAR EL VALOR CIENTÍFICO que este método pueda tener para estudiar determinados fenómenos sociales, como sostienen algunos de mis lectores, sino advertir que NO CONSTITUYE UNA HERRAMIENTA IDEOLÓGICAMENTE NEUTRAL. Su criterio es parcializado, se fija solamente en un aspecto de la compleja realidad: la cuestión económica como factor determinante.
Según la Doctrina Social de la Iglesia, el análisis marxista está sustentado en una visión materialista y atea del ser humano y de la historia, lo que resulta incompatible con la fe cristiana. Mientras el marxismo explica la realidad desde las condiciones económicas y las relaciones de producción, la Iglesia sostiene que la persona posee una dignidad que incluye una dimensión espiritual, creada a imagen de Dios. Otro aspecto cuestionado es la lucha de clases como motor de la historia. Aunque la Iglesia reconoce la existencia de graves injusticias sociales, rechaza el enfrentamiento como vía de solución y propone, en cambio, la justicia, la solidaridad, el diálogo y la reconciliación.
Asimismo, la doctrina católica considera insuficiente la interpretación marxista de la religión como un simple producto de las condiciones económicas. Para la Iglesia, la fe expresa una verdad sobre Dios y sobre el ser humano que no puede reducirse a un fenómeno político o social. También discrepa de la tendencia marxista a explicar el mal únicamente por las estructuras sociales. Si bien reconoce la existencia de estructuras que favorecen la injusticia, afirma que el pecado posee igualmente una dimensión personal, ligada a la libertad y responsabilidad de cada individuo.
Finalmente, la Iglesia advierte que adoptar el análisis marxista como único criterio de interpretación puede llevar a reducir el Evangelio a un proyecto exclusivamente político, desvirtuando su misión esencial: anunciar la salvación integral en Jesucristo. Esta posición fue expuesta con claridad en las instrucciones Libertatis Nuntius y Libertatis Conscientia, que reiteran el compromiso de la Iglesia con la justicia social y la defensa de los pobres, pero desde la Doctrina Social de la Iglesia y no desde categorías marxistas. En consecuencia, la Iglesia reafirma que la búsqueda de una sociedad más justa debe inspirarse en el Evangelio, la dignidad humana, el bien común, la solidaridad y la subsidiariedad. (O)









