En condiciones normales, el correcto manejo de un paciente implica una serie de circunstancias, no todas ellas fáciles ni sencillas. Conocimiento, capacidad y experiencia adecuados por parte del personal médico a cargo, infraestructura sanitaria y equipamiento de buena calidad, disposición oportuna de medicamentos e insumos, actitudes éticas en todas las instancias, etc. Y, obviamente, si se trata de un paciente crítico, gravemente enfermo, pues entonces las condiciones anotadas deben ser reguladas y ajustadas milimétricamente, en ocasiones, aún minuto a minuto, a fin de lograr los mejores resultados.
No hay duda que la actual situación del país puede ser comparable con aquella de un paciente que requiere terapia intensiva. No somos ni sufridores ni pesimistas profesionales, pero el sentido común nos obliga a mirar los hechos, como el de la situación del IESS, el de la falta de provisión de medicinas e insumos en los hospitales públicos, la inseguridad, el incremento de la minería ilegal, el avance del crimen organizado, el evidente deterioro de la clase política, los nudos de la administración de justicia y, como para cerrar con “broche de oro”, unas elecciones al frente, con aparentes sorpresas, “apariciones”, “desapariciones”, “renuncias”, “aceptaciones”, mercado de “pases” a full, que, gustenos o no, no abonan en nada a cambiar la perspectiva del país. O, como dirían los kikuyos, no sirven para cambiar la “narrativa” de la sociedad ecuatoriana.
Si el Ecuador requiere terapia intensiva, pues entonces los funcionarios gubernamentales del más alto nivel, las cúpulas de las agrupaciones políticas, o lo que queda de ellas, los representantes de los sectores económicos y sociales están en la obligación de actuar coherentemente, lo que significa el no ajustar sus estrategias a sus propios intereses sino al interés de la verdad, cada vez más alejada de determinados pronunciamientos.
Al hablar de “precisión quirúrgica” estamos graficando una acción con la mínima posibilidad de error y con el más alto porcentaje de éxito. Quienes conducen los destinos del país deben tener siempre en cuenta este aserto. (O)



