Hace unos días una colega periodista me preguntó cuál debería ser el perfil ideal de una candidatura a la Alcaldía de Cuenca. La pregunta cobra mayor sentido ahora que nueve candidaturas fueron inscritas entre las cuales el gran ausente es Cristian Zamora. El escenario combina exalcaldes, exprefectos, exministros y figuras con distintos niveles de reconocimiento.
El que Zamora haya sido impedido de particpar en la papeleta no elimina el espacio político que construyó. La acogida recibida, a criterio de estudios de opinión pública, se acercaba al 70%, por ello conviene observar quién será capaz de ocupar ese lugar de representación. Juan Cristóbal Lloret, recibió el apoyo de Zamora y participa en una alianza de varios partidos y movimientos, al haber trabajado desde la Prefectura en equipo con Zamora se convierte en un interesante perfil para defender el trabajo recorrido y sostener el espacio de resistencia y clamor contra el centralismo y el poder de turno.
Otras candidaturas, como la de Yaku Pérez, tienen una identidad territorial fuerte y reconocimiento público nacional, aunque deberá esforzarse por consolidar su propuesta. Figuras como Marcelo Cabrera, Pedro Palacios o Paúl Carrasco deberán convertir su experiencia en una propuesta a la que el electorado le vea futuro o renovación. Juan Carlos Vega enfrenta el desafío inverso: demostrar que su cercanía con el Gobierno nacional no limitará su autonomía de gestión frente a lo que dispongan en Quito.
Resulta útil preguntarse qué perfil puede crecer en los próximos meses. Cuenca exige buena gestión en movilidad, seguridad preventiva, ordenamiento territorial, limpieza y servicios, pero también demanda algo más: un alcalde que represente políticamente a la ciudad. Eso supone combinar experiencia con renovación, demostrar capacidad administrativa con independencia y disposición para coordinar con el poder central sin subordinarse a él.
Quizás allí esté la clave de noviembre. El espacio electoral más atractivo no parece estar ni en el administrador silencioso ni en el dirigente cuya única propuesta sea confrontar. Está en quien consiga unir autonomía y capacidad de gestión, identidad local y solvencia política. Zamora salió de la papeleta, pero no necesariamente de la elección: el perfil que dejó instalado seguirá en disputa. Cuenca no buscará solamente a quien administre mejor la ciudad, sino a quien pueda representarla con firmeza y gobernarla sin pedir permiso para defenderla. (O)
@avilanieto









