Cuenca, “ciudad mercado”

Las ventas informales se van tomando toda Cuenca. 

No solo están en el Centro Histórico, en las inmediaciones de mercados, plazas y parques.

También están en aceras y parterres de calles que conectan esa área con sus zonas periféricas, densamente pobladas, llenas de comercios y de negocios informales.

Punto aparte es la feria libre El Arenal. Es un foco de la informalidad, de caos vehicular, de ventas de todo y para todos. Funcionan hasta en los zaguanes.

Allí impera el alcoholismo, el desorden, el robo, quién sabe si hasta de droga al menudeo, y hasta el “mamaluchismo”. Un panorama parecido a lo que, varios años atrás, fue la plaza San Roque, en Quito.

Nadie dudará que a Cuenca, desde el 2025, antes, incluso, llegan centenares de familias provenientes de la Costa, huyendo de la violencia; igual de las provincias del norte, y de otros países.

Por el giro de sus negocios, también por sus costumbres, son identificables. No todas, pero la mayoría se dedican a la informalidad. Instalan sus ventas de frituras y otras comidas donde a bien tengan. Ofrecen otros productos y artículos yendo y viniendo por las calles, en las paradas de los buses, como “franeleros” o “limpia parabrisas”.

Cuanto ocurre en el Centro Histórico ya “tocó fondo”. No solo es alrededor de los mercados sino en toda su área de influencia.

Dirán que el comercio informal hay en todas las ciudades. Cuenca no es la excepción; pero no como el que se ha expandido ahora.

Es la consecuencia de la pobreza, de la inseguridad, de la falta de empleo, de la migración interna forzada. 

La necesidad de trabajar, como dicen los informales, choca con el orden que merece tener la ciudad.

Hay que buscar soluciones con visión, con políticas de Estado, por encima de las que ofrecen las ordenanzas municipales, que no son más que el desalojo, los decomisos.

Esa necesidad, incuestionable, por cierto, no puede llevar a que Cuenca se convierta en “ciudad mercado”.

REM

REM

REDACCION EL MERCURIO