El agua tiene memoria y su poderoso espíritu permitió que naciera el Quinto Río y su corriente atravesara diferencias e intereses personales para con enorme alegría, fuerza y creatividad, contra todo pronóstico, fluyera en las calles de Cuenca. Convirtió entonces su inmenso caudal en una sola voz que sembró, a su paso, un profundo pacto social sustentado en el bien común, no por demagogia y codicia, sino por sentido común. Tenemos la certeza que nuestra identidad personal y colectiva responde desde nuestra más antigua memoria ancestral a la presencia del agua en nuestra vida, en todas las formas de vida que se sustentan con ella y permiten la continuidad de la existencia. Cuenca marcha por el agua porque no se respeta nuestra decisión y el peligro sobre nuestros páramos no ha pasado. La empresa DPM conserva, gracias al gobierno, la concesión sobre el subsuelo de Quimsacocha; las reformas a la Ley Minera reducen el control ambiental, militariza los territorios para resguardar a las empresas mineras y agilita las concesiones; Noboa firmó un acuerdo con EEUU para la exploración de minerales críticos y tierras raras; más de doscientos defensores del agua tienen procesos judiciales, sus cuentas fueron congeladas, han sufrido persecución. Todo esto coloca en grave riesgo a nuestra biodiversidad, a las fuentes de agua, a los pueblos y comunidades, a nuestra soberanía. Porque soy agua, soy el Quinto Río, defiendo mi voto. Marcho porque creo en la Democracia y no en la tiranía de los deseos. (O)








