Ayúdenme a difundir las ideas que van en estas líneas, por una sencilla razón: estamos en peligro de colapsar mentalmente y convertirnos en esclavos de una tecnología cada día más agresiva que pretende acabar con nuestra capacidad de discernimiento.
Es hora de que los adultos nos hagamos responsables del futuro. Nuestros mayores lo hicieron con nosotros. Todo relevo generacional lleva consigo un porcentaje muy alto de obligaciones preteridas. Las falencias de nuestro sistema educativo testimonian la irresponsabilidad en el cumplimiento de lo prescrito.
El teléfono celular, maravilloso invento, se ha convertido en arma letal que lentamente disminuye nuestra capacidad de pensar. Nos hemos convertido en sus esclavos. Los viejos de hoy tuvimos el privilegio de aprender a leer y escribir; las matemáticas nos hicieron personas hábiles para mejorar nuestras capacidades mentales. No conozco si nuestras autoridades de educación han percibido la necesidad de drásticas enmiendas para aclarar el horizonte de un futuro cercano.
Me ha llamado la atención que países con un índice cultural más elevado que el nuestro hayan decidido colocar un BASTA YA a ciertas prácticas de reciente generación. Con diversos matices, cada uno en su jurisdicción, han colocado un alto a todo aquello que perjudica el desarrollo armónico del ser humano: Suecia, Dinamarca, Noruega, Finlandia, Francia, Holanda, trabajan hoy para retomar el dominio de las capacidades humanas y para impedir que su desuso, al entregar a las máquinas funciones mentales, desmejore las capacidades humanas. El aula no permite celulares. Se vuelve al lápiz y al papel. Se aprende a multiplicar como nosotros lo hicimos y las máquinas de escribir vuelven a su lugar. Los libros reingresan a la vida de estas nuevas generaciones.
Una tarea urgente, presidente Noboa: pase a la historia como salvador de nuestras capacidades mentales. “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. (O)






