Estamos en un tiempo que nos pide reflexionar sobre el impacto de la inteligencia artificial como el aporte de la ciencia y la tecnología para el progreso y el desarrollo de la humanidad jamás para el dominio y la exclusión.
Recordemos que la creación literaria, la pintura y la escultura, la música con la sublime armonía de los sonidos, nos llevan por el infinito mundo de la imaginación, generando sus peculiares espacios para conocer nuestra íntima condición en su realización existencial y su deber ser guiado por la filosofía trascendental de la vida. La idea y la palabra siempre serán los puntos focales de nuestra realización existencial.
Lo descrito es el mundo subjetivo que nos anima en la búsqueda de la plenitud, lo que significa valorar con lucidez crítica la realidad de los hechos y lo aportes de la Ciencia, sea la física o química, la medicina y la jurisprudencia, las ingenierías y la matemática en su misión de servir a la humanidad para construir el bien común que la concepción ética ilumina.
Pensemos en esa realidad formada por átomos, células y tejidos, por estímulos y reacciones, según sea el caso del fenómeno que estudiemos, así como en las relaciones sociales y la vida misma de cada persona y, comprendamos la diferencia entre el inventor y el invento, y, en el universo de la cultura que tiene su finalidad centrada en el bien común que es la dignidad intangible de cada ser humano, con sus necesidades, motivaciones e intereses superiores que por el obrar solidario forman la comunidad social que no se agota en los instrumentos que genera cuanto sigue en el proceso continuo por el despliegue cognitivo de sabernos seres humanos destinados a su realización integral.
¿Cuántos inventos más producirá en ingenio humano?
Desde las herramientas de piedra a las máquinas, el algoritmo, la idea y la palabra y, el universo mismo para humanizarlo.
¡LA VIDA SIGUE HASTA EL INFINITO! (O)







