Quimsacocha y la historia de defensa del agua en Cuenca

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Las protestas contra la minería, la organización de las juntas de agua, el trabajo de las comunidades y de la academia, y las consultas populares fueron consolidando una conciencia colectiva. / El Mercurio

Durante casi medio siglo, Cuenca y la provincia del Azuay han construido una historia de movilización en defensa del agua. Lo que comenzó como una preocupación de comunidades campesinas frente a las amenazas sobre sus fuentes hídricas fue creciendo hasta convertirse en una causa provincial.

Las protestas contra la minería, la organización de las juntas de agua, el trabajo de las comunidades y la academia, así como las consultas populares, fueron consolidando una conciencia colectiva sobre la importancia de los páramos y las cuencas altas.

El papel de las mujeres en la defensa del agua

En este proceso, las mujeres han tenido un papel fundamental. Han participado en asambleas, movilizaciones y en la defensa cotidiana de los territorios donde nacen y se almacenan las fuentes de agua.

Miriam Chuchuca y la defensa de Quimsacocha

Miriam Chuchuca, presidenta de la comunidad San Pedro de Escaleras, en la parroquia Victoria del Portete, al sur de Cuenca, conoce esta historia desde sus primeros capítulos.

Recuerda que la defensa de Quimsacocha surgió de una necesidad concreta porque, según explica, “el agua es la base fundamental”. Por ello, asegura que la oposición a la minería se mantiene después de décadas de movilización.

Chuchuca recuerda también algunos de los momentos más difíciles, especialmente durante las protestas ocurridas durante el gobierno de Rafael Correa. Según su testimonio, las comunidades enfrentaron una fuerte presencia policial y militar. Hubo personas detenidas y manifestantes heridos.

Mujeres, jóvenes y adultos mayores participaron en aquellas jornadas. La experiencia, lejos de desarticular la organización comunitaria, reforzó su decisión de continuar con la defensa del territorio y de las fuentes hídricas.

El 16 de septiembre de 2025 representó para Chuchuca un nuevo punto de inflexión. La presencia masiva de ciudadanos confirmó, desde su perspectiva, que la defensa de Quimsacocha ya no pertenece únicamente a las comunidades de su entorno.

Chuchuca reclama que las autoridades comprendan que las fuentes de las cuencas altas tienen consecuencias directas sobre quienes viven aguas abajo.

Bélgica Jiménez: agua, páramos y conocimiento comunitario

Por su parte, Bélgica Jiménez, coordinadora de la Red Agroecológica del Austro, lleva la discusión hacia un plano histórico y cultural.

El cuidado del agua y de los páramos, explica, forma parte de un conocimiento transmitido durante generaciones. Para la dirigente, proteger una vertiente no significa únicamente establecer un perímetro alrededor de ella.

El agua depende de un territorio completo. La conservación de las montañas, los suelos, los humedales y los ecosistemas de altura forma parte de un mismo sistema.

La movilización del 16 de septiembre de 2025, sostiene Jiménez, demostró que esa conciencia alcanzó a sectores mucho más amplios de la sociedad.

La seguridad hídrica de Cuenca y el papel de los páramos

Desde una perspectiva técnica, Felipe Cisneros, consultor independiente en Hidráulica Aplicada y Estructuras Hidráulicas y exdirector del Programa de Manejo de Agua y Suelo (PROMAS) de la Universidad de Cuenca, considera que aquella movilización reveló una verdadera conciencia hidroterritorial.

Cisneros sostiene que Cuenca entiende que su seguridad hídrica depende de la integridad ecológica de sus cuencas altas y, particularmente, de los páramos.

El páramo como infraestructura natural

Imagen generada con IA / ChatGPT

Cisneros explica que el páramo funciona como una infraestructura natural. Sus suelos, humedales y vegetación almacenan agua, regulan la escorrentía, sostienen los caudales durante la época seca y contribuyen a conservar su calidad.

Por ello, cualquier intervención en zonas de recarga debe evaluarse considerando sus posibles efectos durante la explotación, el cierre de una eventual mina y el largo plazo posterior.

Quimsacocha y los estudios sobre el agua subterránea

En Quimsacocha, añade Cisneros, no basta con asumir que una roca de baja permeabilidad impide toda interacción entre las aguas superficiales y las estructuras profundas.

Fracturas, fallas y zonas de alteración pueden modificar la circulación del agua. Por esta razón, considera necesarios estudios estructurales, piezometría, análisis hidrogeoquímicos, trazadores y monitoreo prolongado para establecer una línea base sólida.

Estos estudios permitirían comprender con mayor precisión la dinámica hídrica del territorio y contar con información para evaluar posibles impactos sobre las fuentes de agua.

El reto: convertir la defensa del agua en políticas permanentes

El desafío, según Cisneros, es convertir la voluntad ciudadana en políticas permanentes.

Esto implica proteger las zonas de recarga, mantener un monitoreo hidroambiental continuo, asignar recursos y fortalecer la articulación entre comunidades, juntas de agua, universidades y autoridades.

Así, un año después del denominado Quinto Río, la discusión sobre Quimsacocha no ha terminado. La defensa del agua, la protección de los páramos y el futuro de las cuencas altas continúan formando parte del debate público en Cuenca y Azuay. (I)

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Diego Montalván

Diego Montalván

Editor general. Magíster en Comunicación Estratégica Digital, 21 años en medios impresos, especialista en edición periodística y autor de artículo científico en Media Education (Italia).