El Consejo Nacional Electoral (CNE) acaba de integrar el Comité Nacional de Debates, encargado de definir los cuatro ejes temáticos sobre los cuales debatirán los candidatos a alcaldías y prefecturas.
Se efectuarán entre el 12 y el 16 de noviembre. Es decir, hasta pocos días antes de las elecciones, y a escasos dos o tres de que el CNE termine de calificar las candidaturas.
Los cuatro miembros del Comité también elaborarán las preguntas generales en dos de los cuatro ejes.
No todos los candidatos podrán debatir. Lo harán aquellos cuyas ciudades bordean un determinado número de electores.
Por consiguiente, la gran mayoría no tendrá la oportunidad de confrontar ideas, planes de trabajo, de repreguntarse, de cuestionarse entre sí, de ser interrogados por los moderadores, características imprescindibles de un verdadero debate.
Los organizados por el CNE siempre han sido cuestionados porque, en el fondo, no resultan más que “conversatorios”, con moderadores que se limitan a controlar el tiempo y a leer las preguntas.
Además, cada ciudad, cada provincia, tiene sus propias necesidades, aspiraciones, reclamos, conoce a sus candidatos, y es de donde deben provenir quienes definan los ejes temáticos, formulen las preguntas; igual los moderadores, pero moderadores de verdad.
Debido la cantidad de aspirantes, en anteriores procesos el CNE se vio obligado a integrar dos grupos para que debatan. Esto resta expectativa, dispersión de ideas y hasta desilusión entre los candidatos si es que no les toca el turno con quienes cree que debe confrontar y están entre los que tienen opciones.
Será más el ruido en las redes sociales el que marque las tendencias, como también el uso que de ellas hagan los candidatos, sus asesores encargados de edulcorarlos, de sugerirles lo que deben decir, callar, prometer, en cuyo caso, mientras menos informado esté el electorado, menos deliberante y menos crítico sea, mejor, porque es más fácil de manipularlo.












